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Alcaldesa Jeannette Medina, conminada por el destino a elegir entre el municipio y la banda

Alcaldesa Jeannette Medina

El pasado lunes asistí, en mi condición de concejal, a una sesión del Ayuntamiento Santo Domingo Este. Allí juramentamos como alcaldesa a Jeannette Medina. Ella, en rol de relevo, habrá de completar el mandato de seis años, durante los próximos ocho meses.

INDOTEL

Habrá de desempeñar sus funciones en un campo minado. No puede ser de otra manera. Lo primero es que ella tiene que decidir, si sumarse a la banda que opera allí, o si marca distancia. En el primer caso ella puede trascender a una fácil y rápida acumulación originaria de riquezas. Y, en el caso, de que decida hacerlo bien, obrando con integridad, podría tallar una tumba, nada despreciable, en el panteón de los inmortales.

La ahora titular de la municipalidad, leyó un discurso en su toma de posesión. Se comprometió a seguir los patrones. Eso no me preocupa por más de una razón. Primero, es imposible igualarlo; y, entiendo que, por prudencia, era el adecuado para mitigar las no del todo ni siempre sinceras exteriorizadas escenas dolor.

Ideal, y tal vez sea su ansia más inspirada, es que ella pudiera enderezar esa gestión, sanear las finanzas y devolver esa administración municipal a su propia legalidad, sin tener que confrontar con los malvados; pero aquí, ser optimista es superar al tonto. Confrontación o complicidad! Es ahí el dictado del arcano. Pero no la juzguéis a priori, no es su obra, es la del destino.

Marcha vulnerable, sobre el vidrio, como un niño descalzo. Porque Jeannette , en el tránsito mismo de vicealcaldesa a la titularidad de ese cargo, sin quererlo y sin merecerlo, llegó secuestrada. Ahora, o rompe el cerco y transita el camino de la dignidad y el decoro de cara al sol, o, sumisa y genuflexa, le sirve a la banda. En cualquiera de los dos senderos, y no tiene otra opción, caminará descalza sobre vidrios.

Ella, aunque decidiera el lamentable camino de la complicidad, por razones obvias, no podrá ser La Jefa, y estaría sometida una tensa hilaridad. Tampoco ignoro el peligro de asumir determinadas posturas. Ellos son profesionales del crimen. Ella, tal vez, una mujer indefensa.

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Esta banda, la que he denominado en trabajos anteriores, como (Alibabá y los 40 Ladrones), tiene sus propios retos. Ellos, ante la artera acefalía que súbitamente le ha sobrevenido, devendrán en una difícil colegiatura, o la confrontación, por los fuertes intereses y las desmedidas ambiciones, está pronto a llegar. En cualquiera de ambos escenarios, ni a mi peor enemigo, si lo conociera, le desearía el lugar de Jeannette .

Habremos quienes, sin mayor interés que el de la gloria, estamos dispuestos a ayudarla si decidiese el camino tortuoso que conduce al paraíso siempre espinoso de la virtud, y no al excremental, pero placentero y enriquecedor, camino del vicio.

Nosotros, ahí, en el mismo trayecto del sol, como lo descifró el poeta, estaremos observando. Mientras tanto, a ella, la obsequiamos con el generoso beneficio de la duda. Como habrán de imaginarlo todo el que nos conoce, tendremos los piadosos laureles en una mano y el látigo inclemente en la otra.

Es su cita con la historia! Nadie podrá decidir por ella. Jeannette habrá de decidir sobre si viste de gloria las páginas de su propia historia, o si la embarra de “m…..asilla”.