
Son curiosas las cosas en las que uno se pone a pensar, y no me vengan a decir que es cosa de la edad… El asunto es que vengo pensando en cómo seré recordada cuando me toque la hora de partir. Tengo una amiga que diría inmediatamente,” ¡zafa! Eso trae mala suerte”, yo no lo creo así, todo lo contrario, creo que es inteligente dejar tus cosas resueltas, pero no se trata de cosas tangibles a lo que me refiero, es que dirán los míos cuando yo no este.

Me encanta como la gente recuerda a mis padres y me siento muy orgullosa. Aunque gozo en silencio recordando las cosas de mami que tuvimos que recoger y regalar: cajas con botones de todos colores, cajas con zippers, cajas con encajes, cajas con elásticos, bien enrollados de diferentes tamaño, cinturillas, velcros, retazos, encajes… esa era mi madre, por si acaso a alguien se le ofrecía hacer algún arreglo. Yo veo a mi alrededor, y no teniendo hijas siempre digo que mis nueras me van a odiar cuando tengan que fajarse a decidir qué hacer con todo lo que tengo: colección de cámaras fotográficas, máscaras africanas, miniaturas, cerámicas de todas partes, mi colección de jarras, centenares de fotos, mis pinturas y dibujos, mis libros, oh mi biblioteca! Así que he decidido comenzar a organizar e ir dejando lo que vale la pena. Ah! No mencione las piedras que recojo en cada lugar que he visitado, dentro y fuera del país. Que manía, pero siempre he sentido que me da buena energía eso de tener piedras.
El asunto es que cuando uno se muere siempre es buena gente, pero lo que he sembrado en la vida de mis hijos y nietos eso es lo que me importa. No dejare recuerdos de ningún plato bien hecho en la cocina, ese no es mi fuerte, aunque hago un souffle de maíz que no sube pero que es una delicia; siempre he querido sembrar buenos recuerdos, como los que yo atesoro de mis abuelos. No quiero que pase, como comentaba un escritor español, que los hijos de un amigo suyo, al morir el padre, miraban el féretro con vergüenza porque nunca se preocuparon de conocerle bien.
Entonces comenzaron a poner fotos de el en la casa, en Facebook, para acallar su conciencia, ¿será? Después están a los que se les mueren sus parejas y de juro a Dios quieren que la gente piense que fueron lo máximo cuando se sabía quiénes eran. Tengo una amiga que enviudo y me dijo al poco tiempo, “claro que llore a mi marido, pero a quien voy a engañar, me siento aliviada de haber salido de ese patán”, eso es ser honesto.
Yo repaso mi vida y sé que nunca fui una celebridad, pero me siento satisfecha porque hice lo mejor que pude, en lo personal siempre me esforcé en ser honesta conmigo misma y con los demás: ser buena gente. Así lo resumo. Si recibí en igual medida, poco me importa, yo quise a quien quise y di lo que di. Después de todo, después de muerta, seré una maravilla.
















