El caso bochornoso del incidente entre el periodista Huchi Lora al ministro Amarante Baret, es la muestra más cruda de que los entrevistados pierden el sentido de para qué se les llama a entrevista.
Beber café e intercambiar sonrisas no hace al periodista amigo, este, además de la verdad, compite, por lo que cualquier error o palabra de más que el entrevistado diga, puede ser aprovechado sin piedad alguna por el periodista.

Es así como ocurrió con el ministro Baret quien dijo, acompañado por una sonrisa, que “ellos sabían lo que se decía en las redes”, tomando el periodista la frase por el camino que convenía, “pinchar teléfonos”, cuando se sabe que la recopilación de información de las redes puede ser incluso automatizada, “ya” no hace falta pinchar teléfonos para saber que habla cada quien en las redes.
Por más que el entrevistado trató de convencer que él no dijo eso, el daño estaba hecho.
El ministro debió inmediatamente dar por terminada la entrevista, como Evo Morales hizo con el atrevido y antiético Jorge Ramos, al ver que había sido mal interpretado y el periodista ponía sin piedad palabras en su boca.
No suficiente con este error en el manejo de la entrevista, el ministro de Interior y Policía ofrece disculpas por haber sido “mal interpretado”, en una actitud infantil en cuanto a comunicaciones se refiere, que debe revisarse para contiendas futuras.
Los ministros deben saber que no están para realizar los “mediatours” por la prensa, los ministros están para trabajar y las tareas de comunicación asignárselas al equipo que cobra por ello en cada institución. En ocasiones especiales a la hora de dar comunicación se puede ofrecer una conferencia de prensa para la cual deben ser estrictamente preparados a sabiendas de que responder y a quien.
La “cherca” tiene consecuencias y nunca más se verá al Ministro Amarante Baret sin pensar que “me está pinchando el teléfono”.
Caro costó el creer que el periodista era su amigo y estaban en un “junte” en una villa.
















