
La sorpresiva derrota de la ex-funcionaria Hillary Clinton frente a Donald Trump tiene de trasfondo múltiples parametros a analizar dede el punto de vista mercadológico, social, político, participación de los medios pero sobre todo la conciencia de la población, de toda, en este caso, una muy compleja y diversa como es la norteamericana.

El mundo está globalizado.
La Tv e Internet se han encargado de difundir programas, filmes y series que desnudan, diciendo que es ficción, el mundo oscuro de la política.
Series como Marsella, Games Of Thrones, Los Borgia, Boss y House Of Cards, entre otras, desvelan la maldad que cubre las ambiciones políticas y cual es el límite del ser humano en aras de alcalzar poder y más poder.
House of Cards recrea la vida de un congresista norteamericano, aunque se vende como ficción, pero cada capítulo provoca indiscutiblemente la repulsa del consumidor y espera a gritos que salga ese cartel de: «cualquier similitud con la realidad es pura coincidencia».
En el caso de las pasadas elecciones, Hillary representaba ese Stablishment que desnuda la serie; es muy posible que ella fuera presa del subconciente del consumidor al tildarla, junto a pruebas presentadas por Thrump en el camino, de que ella podria ser uno de los personajes de la malvada y cruda serie.
Al final, el hecho, es que la población cada día está más informada y le ha tomado el pulso de la política y sus simuladores, que durante décadas junto a los medios y el mercadeo brutal, los manipula.
















