Hoyo de Friusa: La comunidad rechaza la satanización y la discordia que contra ellos han montado la Antigua Orden y otros

En el corazón del paraje de Bávaro, en el Distrito Municipal Turístico Verón-Punta Cana, se encuentra el Hoyo de Friusa, una comunidad que en los últimos días ha estado en el centro de una controversia nacional. Los pobladores dominicanos de esta zona han comenzado a alzar su voz contra la Antigua Orden Dominicana, el comunicador Santiago Matías y otros actores que han impulsado una narrativa que, según los residentes, sataniza injustamente su hogar. A pesar de que es cierto que en el Hoyo de Friusa reside una significativa población haitiana, los habitantes rechazan con firmeza las afirmaciones de que se trata de un lugar inseguro, inaccesible para las autoridades dominicanas o un foco de problemas existenciales y conflictos entre dominicanos y haitianos.

La polémica se intensificó con la convocatoria de una marcha «patriótica» programada para el 30 de marzo, liderada por la Antigua Orden Dominicana y respaldada por figuras como Santiago Matías, conocida como Alofoke. Este movimiento busca, según sus organizadores, visibilizar supuestos problemas de inseguridad y migración irregular en la zona. Sin embargo, para muchos en el Hoyo de Friusa, esta iniciativa no es más que una provocación externa que amenaza la armonía de una comunidad que, aunque diversa, ha sabido convivir y prosperar a su manera.

Una narrativa desmentida por la realidad
El Hoyo de Friusa, con una población estimada en decenas de miles, es un reflejo de la complejidad migratoria y cultural de República Dominicana. Sí, muchos haitianos viven allí, atraídos por las oportunidades laborales en la construcción y el turismo, sectores clave en la región de Punta Cana. Pero los residentes dominicanos insisten en que las afirmaciones de caos e inseguridad son exageraciones que no se ajustan a su día a día.

«Aquí vivimos juntos, trabajamos juntos, y no hay esas peleas que dicen», asegura un vecino que prefirió no dar su nombre. «Tenemos un destacamento policial, una fiscalía, escuelas. Las autoridades entran y salen sin problema. ¿De dónde sacan que esto es una zona de nadie?»

Esta percepción encuentra eco en las declaraciones del presidente Luis Abinader, quien recientemente negó que existan áreas en el país donde los organismos de seguridad no puedan operar, incluyendo el Hoyo de Friusa.

Operativos regulares de la Policía Nacional y la Dirección General de Migración son parte de la rutina en la zona, desmintiendo la idea de un enclave fuera del control estatal. Sin embargo, la Antigua Orden y sus aliados persisten en pintar un cuadro de desorden, alimentando tensiones que los pobladores consideran innecesarias y artificiales.

Los convocantes: ¿patriotas o invasores?
Lo que comenzó como un supuesto llamado a la soberanía nacional se ha transformado, a los ojos de muchos en el Hoyo de Friusa, en una invasión de forasteros que llegan desde la comodidad de sus hogares en otras ciudades para sembrar discordia.

«Ellos no viven aquí, no saben cómo es nuestra vida», reclama una comerciante local. «Vienen con pancartas y cámaras a hacer ruido, pero nosotros no los necesitamos para resolver nuestros problemas». La marcha, autorizada por el Ministerio de Interior y Policía tras cierta polémica, ha sido vista como una imposición externa que ignora la realidad de una comunidad que no se siente amenazada por su diversidad, sino enriquecida por ella.

La presencia de figuras públicas como Santiago Matías, quien ha prometido asistir y contratar seguridad privada para la marcha, ha añadido más leña al fuego. Para los residentes, estas acciones refuerzan la sensación de que los convocantes no buscan soluciones, sino espectáculo. «Si tanto les preocupa la seguridad, ¿por qué no trabajan con las autoridades que ya están aquí en lugar de venir a gritar?», cuestiona otro habitante. La militarización reciente del área, con soldados patrullando antes del evento, solo ha incrementado la percepción de que la marcha es una provocación que podría desestabilizar la paz local.

Una comunidad que defiende su identidad
Lejos de ser el «pequeño Haití» caótico que algunos describen, el Hoyo de Friusa es una comunidad vibrante con una mezcla de culturas que ha encontrado un equilibrio funcional. Dominicanos y haitianos comparten calles, negocios y espacios públicos sin los enfrentamientos existenciales que los críticos externos les atribuyen. Los problemas existen, como en cualquier lugar —pobreza, precariedad, informalidad—, pero no son el resultado de una guerra entre nacionalidades, sino de desafíos estructurales que trascienden fronteras.

Los pobladores dominicanos del Hoyo de Friusa no niegan la necesidad de políticas migratorias efectivas, pero rechazan ser utilizados como escenario de una cruzada nacionalista que no los representa. En lugar de pancartas y marchas, piden respeto a su realidad y soluciones reales: mejoras en infraestructura, acceso a servicios y oportunidades económicas que beneficien a todos, sin importar su origen.

Un llamado a la reflexión
A medida que se acerca el 30 de marzo, el Hoyo de Friusa se prepara para un día que podría alterar su calma.
Los residentes, cansados de ser estigmatizados, ven a los convocantes como invasores que llegan a perturbar, no a ayudar.
En un país donde la convivencia con Haití es un tema sensible, esta comunidad demuestra que la coexistencia es posible cuando se prioriza el entendimiento sobre la confrontación.

El verdadero desafío no está en las calles del Hoyo de Friusa, sino en la voluntad de quienes, desde lejos, deciden qué historias contar y qué batallas librar.
Mientras los pobladores dominicanos se levantan contra esta satanización, su mensaje es claro: no son un problema que necesite ser «resuelto» por forasteros, sino una comunidad que merece ser escuchada y respetada en su propia voz.

credo por Multimedios LZO
28/3/2025

CAJITA CONVERTIDORA

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