Por Multimedios LZO, La Agencia de Prensa y Creadora de Contenidos
28 de octubre de 2025

En un mundo donde las urnas no solo cuentan votos, sino que miden el pulso de una nación, la elección presidencial de Irlanda el 24 de octubre de 2025 ha irrumpido como un rayo de esperanza progresista. Catherine Connolly, la candidata independiente de izquierda, arrasó con el 63% de los votos en primera preferencia, convirtiéndose en la décima presidenta de la República de Irlanda en una victoria aplastante que ha sacudido al establishment centro-derechista. Su triunfo no es solo un cambio de rostro en el Palacio de Áras an Uachtaráin; es un grito colectivo por neutralidad, paz y justicia social, un «despertar» que contrasta brutalmente con el panorama argentino, donde el 26 de octubre las legislativas reafirmaron un statu quo polarizado, evocando ecos de 1976: la adoración a ídolos futboleros como dioses intocables, la tolerancia implícita hacia genocidas y la elección de figuras desquiciadas que perpetúan ciclos de trauma y negacionismo.

Irlanda: El Despertar de una Nación en Busca de Voces Silenciadas
La elección irlandesa, celebrada en medio de una participación del 46% –baja, pero cargada de simbolismo–, culminó el 25 de octubre con Connolly declarada vencedora en el Castillo de Dublín. La exabogada y diputada de Galway, de 68 años, superó a su rival centro-derechista, Heather Humphreys de Fine Gael (29.5%), en una contienda que se convirtió en referéndum contra la coalición gobernante de centro-derecha. Apoyada por Sinn Féin, Labour y los Social Democrats, Connolly prometió ser «una voz para la paz, para la neutralidad y contra el militarismo occidental», acusando a Reino Unido y Estados Unidos de habilitar el «genocidio en Gaza». En su discurso de victoria, habló en gaélico e inglés: «Seré una presidenta inclusiva para todos, que escucha, reflexiona y habla cuando es necesario».
Este resultado no surgió de la nada. Connolly capitalizó el descontento juvenil –impulsado por el resurgir cultural del gaélico en películas como The Quiet Girl y bandas como Kneecap– y un escándalo que forzó la retirada del candidato de Fianna Fáil, Jim Gavin, por un viejo lío financiero. Sin embargo, el 13% de votos inválidos –un récord de protesta– reveló frustración por la escasa oferta y temas ignorados como la inmigración. Aun así, su landslide –914.143 votos en primera instancia– marca un giro hacia independientes progresistas, siguiendo la estela de Mary Robinson y Michael D. Higgins, que transformaron el rol ceremonial en plataforma para la pluralidad y la reconciliación.
Irlanda, con esta elección, parece haber «despertado»: un país que prioriza la ética exterior, el cambio climático y la voz de los marginados, rompiendo el dominio centenario del centro-derecha y abriendo puertas a una izquierda unida para las generales futuras.
Argentina: Atascada en 1976, Entre Goles Divinos y Fantasmas del Terror
Mientras Irlanda mira hacia adelante, Argentina parece retroceder a las sombras de 1976, cuando un golpe militar instauró la dictadura más sangrienta de su historia: el Proceso de Reorganización Nacional, que entre 1976 y 1983 desapareció a unas 30.000 personas en centros clandestinos como la ESMA, a metros del Estadio Monumental. Aquel año no fue solo el inicio del terror estatal; fue también el preludio al Mundial de 1978, donde la junta de Jorge Rafael Videla usó el fútbol como lavado de imagen. La victoria argentina –con goles de Mario Kempes como ofrenda a un país en agonía– se celebró mientras torturas y «vuelos de la muerte» silenciaban disidentes. El deporte se convirtió en opio: futbolistas como dioses, elevados por encima de la sangre, mientras las Madres de Plaza de Mayo marchaban en vano.
Casi 50 años después, las legislativas del 26 de octubre de 2025 –con un 66% de participación, la más baja desde la democracia– reavivaron este espectro. La Libertad Avanza de Javier Milei, el «anarcocapitalista» autoproclamado, arrasó con el 40% de los votos, consolidando su bloque en el Congreso pero sin mayorías absolutas. Milei, cuya retórica desquiciada –cadáveres en el Congreso, motosierra como símbolo– evoca el extremismo que tanto daño causó, prometió más ajustes y «diálogo». Pero su gobierno ha sido acusado de «abrazo a los genocidas»: recortes a fondos para juicios por lesa humanidad, defensa de represores y negacionismo velado de las 30.000 desaparecidos. El 24 de marzo, Día de la Memoria, miles marcharon contra su políticas, recordando que 321 fallos judiciales confirman un «plan de exterminio».
Argentina tolera aún: ídolos del fútbol como Messi son santificados en altares culturales, eclipsando el debate sobre derechos humanos. Y vota a «desquiciados» –Milei, con su 56% en 2023– impulsado por la crisis, pero atado a un Congreso fragmentado donde el peronismo resiste con 101 diputados. La elección de 2025, con mercados eufóricos por el «voto de confianza», ignora el clientelismo en barrios pobres y la intimidación que Freedom House denuncia como veneno democrático.
Dos Elecciones, Dos Caminos: ¿Despertar o Sueño Eterno?
La elección irlandesa ilumina un camino: Connolly, con su énfasis en la neutralidad y la justicia global, representa un rechazo al status quo, un despertar colectivo pese a votos de protesta. Argentina, en cambio, parece atrapada en un loop de 1976: el fútbol como escape, los genocidas como reliquias toleradas y extremistas como salvadores ilusorios. Milei ganó votos, pero no corazones; su «experimento libertario» –con inflación domada pero recesión brutal– perpetúa la polarización, donde el 34% de abstencionistas grita silencio.
¿Puede Argentina despertar? Las Madres de Plaza de Mayo, con sus pañuelos blancos, insisten: la memoria es resistencia. Mientras Irlanda elige voces para los silenciados, Argentina debe confrontar sus dioses falsos y sus demonios impunes. De lo contrario, 1976 no será historia, sino profecía autocumplida. El mundo observa: ¿seguirá el Sur Global dormido, o se unirá al despertar celta?
*Fuentes: The Guardian, Al Jazeera, Reuters, The Irish Times, DW, BBC, History.com, Goal.com, NACLA, Jacobin, Freedom House, The New York Times.

















