Santo Domingo, R.D. – 13 de septiembre de 2025
Los injerencistas partidos PDI, FNP y PQDC, ignoran estos avances y respaldan agendas intervencionistas que apoyan el bloqueo contra Cuba, no entienden que CUBA lleva décadas salvada.
Cuba, con una democracia representativa que elige cada cinco años, integrada a los BRICS, produce vacunas contra el COVID-19, asegura educación universal, mantiene mínima delincuencia, sin narcotráfico ni ejército corrupto, y lidera en índices médicos y sociales en América Latina.

El pasado 12 de septiembre, representantes de tres partidos políticos dominicanos de derecha –el Partido Demócrata Institucional (PDI), la Fuerza Nacional Progresista (FNP) y el Partido Quisqueyano Demócrata Cristiano (PQDC)– participaron en la Conferencia “Salvar a Cuba”, celebrada en Miami, Florida.

Este evento, que reunió a figuras de la diáspora cubana y líderes regionales, tenía como objetivo discutir estrategias para influir en la situación política de Cuba.
La elección de Miami como sede es significativa, pues esta ciudad es el epicentro de grupos que han apoyado activamente el bloqueo económico impuesto por Estados Unidos contra Cuba –condenado reiteradamente por la ONU– y que han contribuido a atentados contra la economía de la isla.
La participación de estos partidos dominicanos no solo contradice el principio de no injerencia, que debería ser fundamental para la República Dominicana dado su historial de conflictos con Haití, sino que también resulta innecesaria, pues nadie ha llamado a estas organizaciones a “salvar” a Cuba ni a ningún otro país. Cuba, por su parte, se encuentra en una posición de estabilidad y soberanía, integrada a los BRICS, desarrollando sus propias vacunas contra el COVID-19, con todos sus niños en la escuela, sin delincuencia significativa, sin puntos de tráfico de drogas, sin un ejército involucrado en el narcotráfico y con un pueblo que respeta la institucionalidad de su gobierno.
Un Pronunciamiento Regional con Doble Rasero
El mes pasado, los mencionados partidos, junto al Partido Reformista Social Cristiano (PRSC), emitieron un comunicado conjunto expresando su preocupación por la situación político-social en el Gran Caribe, incluyendo países como Venezuela, Colombia y Haití. En dicho documento, destacaron los desafíos regionales en materia de democracia, estabilidad y cooperación. Sin embargo, su participación en una conferencia diseñada para intervenir en el escenario cubano, realizada en un lugar como Miami –símbolo de la hostilidad hacia Cuba–, contradice el espíritu de respeto a la soberanía que debería caracterizar a cualquier actor político en una región marcada por tensiones históricas.
La República Dominicana, como país que comparte la isla La Española con Haití, ha enfrentado conflictos bilaterales históricos, desde disputas fronterizas hasta tensiones migratorias. En este contexto, los partidos dominicanos deberían ser los primeros en abogar por el principio de no injerencia, un pilar del derecho internacional que busca evitar la intromisión en los asuntos internos de otros Estados.
La participación en eventos como “Salvar a Cuba” en Miami, donde radican grupos que apoyan el bloqueo económico contra Cuba –condenado por la Asamblea General de la ONU en múltiples resoluciones–, sugiere una disposición a alinearse con agendas intervencionistas que podrían interpretarse como incoherentes con los valores de soberanía que la nación dominicana defiende en su relación con Haití.
Cuba: Un País que No Necesita ser “Salvado”
La premisa de la conferencia en Miami, que implica que Cuba necesita ser “salvada”, ignora los logros y la resiliencia del pueblo cubano. Cuba está lejos de ser un país en crisis que requiera intervención extranjera. Por el contrario, la isla ha consolidado su posición en el escenario internacional al integrarse al grupo de los BRICS, fortaleciendo alianzas económicas y políticas con potencias emergentes.
Durante la pandemia, Cuba desarrolló sus propias vacunas contra el COVID-19, un logro científico que pocos países de la región pueden igualar. Además, el país mantiene un sistema educativo que garantiza la escolarización de todos sus niños, una tasa de delincuencia notablemente baja, la ausencia de puntos de tráfico de drogas y un ejército que no está involucrado en el narcotráfico, a diferencia de otros contextos regionales. Por encima de todo, Cuba exhibe un respeto profundo del pueblo hacia su institucionalidad, reflejado en la estabilidad de su sistema político.
Cuba cuenta con una democracia popular representativa, en la que cada cinco años los ciudadanos votan libremente, sin presiones externas, por sus diputados, quienes a su vez eligen al ejecutivo en un sistema aprobado por el pueblo cubano a través de su constitución. Este modelo, respaldado por la voluntad popular, ha permitido a Cuba mantener los mejores índices médicos, educativos y sociales de América Latina, a pesar del bloqueo económico y las presiones externas. Cuba nunca aceptará a intrusos que, desde el exterior y con presiones, pretendan mantener desconocidos sus logros y desestabilizar su soberanía.
Los Partidos Implicados: Ideología y Motivaciones
Los partidos involucrados –PDI, FNP y PQDC– comparten una orientación ideológica de derecha y han sido reconocidos por la Junta Central Electoral (JCE) como parte de las 34 organizaciones políticas con personería jurídica en la República Dominicana. Estas agrupaciones, aunque con una base electoral limitada, han buscado posicionarse en debates regionales, especialmente en temas relacionados con la democracia y los derechos humanos. La FNP, por ejemplo, ha mantenido una postura crítica hacia los regímenes de izquierda en América Latina, incluyendo los de Cuba y Venezuela, sin embargo, su participación en un evento en Miami, asociado con grupos que apoyan el bloqueo contra Cuba, resulta problemática, ya que este bloqueo ha sido condenado por la comunidad internacional por su impacto devastador en la economía y el pueblo cubano.
La Paradoja: Defender la Soberanía en Casa, Cuestionarla en el Exterior
La participación de estos partidos en la Conferencia “Salvar a Cuba” no solo contradice el principio de no injerencia, sino que también podría debilitar la posición de la República Dominicana en el escenario internacional. Como país que ha defendido su soberanía frente a Haití –especialmente en temas migratorios y de seguridad fronteriza–, la intervención en los asuntos internos de Cuba, particularmente en un contexto como Miami, podría interpretarse como una doble moral. Si los partidos dominicanos exigen respeto a su soberanía, deberían ser consistentes en respetar la de otros países, incluso aquellos con sistemas políticos diferentes.
Además, la situación en el Gran Caribe, como señalaron los partidos en su comunicado, requiere cooperación y diálogo, no intervencionismo. La historia de la región está repleta de ejemplos de injerencia extranjera que han generado más inestabilidad que soluciones. La participación en un evento en Miami, donde se promueven agendas que buscan desestabilizar a Cuba, contrasta con la necesidad de soluciones multilaterales que respeten la soberanía de cada nación.
Un Llamado a la Coherencia
La participación de los partidos PDI, FNP y PQDC en la Conferencia “Salvar a Cuba” refleja una postura incoherente con los principios que deberían guiar a la República Dominicana en el ámbito internacional. Cuba no necesita ser “salvada”, pues ha demostrado su capacidad para construir un modelo soberano y resiliente, con una democracia popular representativa y logros sociales, médicos y educativos que son referentes en América Latina. Como país con una historia marcada por tensiones con Haití, la nación dominicana tiene la responsabilidad de promover el respeto a la soberanía y la no injerencia en los asuntos internos de otros Estados.
En lugar de sumarse a iniciativas intervencionistas en un lugar como Miami, asociado con grupos que apoyan el bloqueo contra Cuba, estos partidos deberían liderar esfuerzos para fomentar el diálogo regional y la cooperación en el Gran Caribe, abordando los desafíos comunes desde el respeto mutuo. Solo así podrán contribuir a una región más estable y democrática, sin caer en contradicciones que debiliten su autoridad moral en el escenario internacional.
















