
Hay un segmento de militantes que habitan en el Partido de la Liberación Dominicana, que nombran a Bosch para congraciarse pero no han leido ni un libro del maestro.

No poseen preparación política ni ideología definida.
Buscan notoriedad y ser reconocidos a costa de figureo desmedido, en el convencimiento de que esto mañana les dará poder, siempre que «el jefe» (de turno) los vea.
Son corruptos por naturaleza y creen que andar «pegao» es mejor que aquello de Servir al Partido Para Servir al Pueblo.
Comesolos a ultranza, completamente lo contrario a los peledeistas de «antaño» que luchan por sobrevivir en un ambiente adverso, lleno de corrupción, orgías e insencibilidad humana.
Esos militantes no deberían llamarse «bochistas», ni «peledeistas» sino arrivistas, personas de la peor especie que usan el poder para enriquecerse y que han asaltado instancias sociales cruciales y desde ahi expanden la corruptela al resto de la sociedad, con la que tratan de diferenciarse… comenzando por el carro que conducen o les conducen.
Esa especie se hace acompañar de viejos militantes que en su andar se pudrieron, tirando a Juan Bosch a un retrete, para cambiarlo por carros lujosos, prostitutas de bisturí y vida de califas.
Amenazan con acabar con lo que queda de verguenza en la gran mayoría de militantes, casi todo el partido, que han sido convertidos en marionetas que votan por «disciplina», que hoy han sido desplazados, casi olvidados y sin luz.
Los viejos y los nuevos corruptos son delincuentes de punta a cabo, a quien el partido, débil, secuestrado, desregulado, han dejado entrar y como cancer ya cambió su estructura primaria que lo llevó al poder, para conducirlo por el camino del descredito al final decepcionante de no haber hecho lo que habia que hacer con tanto poder y en honor a Bosch, para solo contribuir a construir una sociedad corroida.
Un rayo de luz puede que logre penetrar tanta oscuridad, pero la falta de Fe, hoy, es peligrosamente real.
















