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Palabras de Pelegrín Castillo en el acto cívico de protesta contra la OISOE por situación de abandono de la casa de Duarte

poloHoy venimos con gran dolor en nuestros corazones a esta centenaria plaza de la Iglesia de Santa Bárbara, a desagraviar a Duarte.

Queremos protestar con indignación, desahogar nuestro malestar, que sabemos es también la indignación y el malestar de muchos dominicanos y dominicanas. Lo hacemos en forma ordenada, conmovida, firme, sincera.

INDOTEL

Reprobamos enérgicamente la actitud de desprecio y olvido que han asumido nuestras autoridades frente a los compromisos contraídos hace 3 años por el mismo Presidente Medina de restaurar la Casa Museo, donde nació y creció nuestro padre fundador, Juan Pablo Duarte, edificación  consagrada a la conservación y exaltación de su memoria por el Instituto Duartiano.

Lo que ha acontecido es mucho más que un penoso descuido, más que un olvido ocasional, de una institución como la OISOE, que como puede comprobarse ha tenido “otras prioridades”, por las que sufre en la actualidad crecientes y fundados cuestionamientos.

Mucho más importante que el patrimonio material de la Nación es su patrimonio inmaterial: ese que representan sus símbolos, sus valores y principios, su historia y su cultura, sus tradiciones y la fe trascendente de su gente, que es la cristiana.

La situación que afecta la Casa Museo de Duarte es la comprobación de esa gran verdad: hoy se encuentra en ruinas, inutilizada, cerrada, sin justificación alguna. Y aunque en estos días, después de las denuncias de los medios de comunicación y de los reclamos públicos que formulamos, la OISOE ha prometido reanudar los trabajos que debieron concluirse hace más de 2 años -y eso solo es ya otro éxito de esta lucha- nuestra protesta procede porque está cargada de significados y propósitos patrióticos.

Si meditamos bien sobre lo que representa el abandono inaceptable de la Casa de Duarte, llegaremos a la conclusión de que es el signo que distingue la actitud censurable del gobierno frente a la dominicanidad.

No se trata de un hecho aislado, antes al contrario, es una tendencia cada vez más clara e inquietante, que busca diluir progresivamente sus esencias heroicas, como si se quisiera romper con el sentido de continuidad histórica que debe caracterizar a nuestra Nación, derrumbar sus cimientos morales, ¡avergonzarnos de lo que somos!

Se evidenció con la desfiguración perversa de la historia nacional  que fue denunciada por los voceros del Polo Soberano en los libros de educación escolar. ¡Y eso, Duarte no lo merece!

Se evidenció en la desastrosa ” restauración” de la histórica muralla de la Puerta del Conde ejecutada por la misma OISOE. ¡Y eso, Duarte no lo merece!

Se evidenció en el poco o ningún respaldo dado por las autoridades a las últimas conmemoraciones de grandes fechas históricas trascendentes cómo la Restauración de la República, el 16 de Agosto, o del Fin de la Ocupación Norteamericana, el 12 de Julio. ¡Y eso, Duarte no lo merece!

Se evidenció también en la promoción de antivalores de la disolución social por medio de una educación sexual antivida, antifamilia  y anticristiana, que se proyecta con el libro Háblenos, coauspiciado por el MINERD y financiado por agencias extranjeras. ¡Y eso, Duarte no lo merece!

Se evidenció en los estímulos o tolerancias frente a las desvergonzadas injerencias de enviados diplomáticos. ¡Y eso, Duarte no lo merece!

Pero la realidad es que eso no debe sorprendernos, porque el mismo Duarte nos lo advirtió desde la eternidad. Mientras eso sucede en esos planos, nuestra soberanía y autodeterminación, nuestra identidad e integridad territorial, están siendo agredidas y desconocidas de muchas otras formas por poderes foráneos con la complicidad de la facción antinacional, ¡y eso, Duarte no lo merece!

Y tanto en el Gobierno como en muchas fuerzas que se proclaman de oposición solo se ve complicidad, temor, vacilación, irresponsabilidad, oportunismo… ¡Cuánta falta de espíritu Trinitario y Restaurador…! ¡Y eso, Duarte no lo merece!

Aquí y ahora, renovamos nuestra decisión de luchar junto a los buenos y verdaderos dominicanas y dominicanos, para defender nuestra patria  con la fuerza del amor y la gracia de Dios.

Con ellos por delante, estamos seguro que no nos faltara valor y arrojo, decisión y entrega, para encender en el corazón del pueblo la llama de la dominicanidad. Para que el pueblo salve la patria. Para que los dominicanos y dominicanas sean los que decidan el destino de esta tierra,  en la que nos corresponde a todos vivir una existencia libre, segura, próspera y digna.

Aquí decidimos los dominicanos y dominicanas. Duarte así lo espera y merece

Viva Duarte,

Viva la República Dominicana

Adelante con fe grande y corazón Patriota.