
Me resulta muy grato estar junto a ustedes en el día de hoy, hablando de un tema inmenso y profundo, Providencia y Libertad, que ha tenido siempre gran importancia en la vida de las personas y de las naciones.

Agradezco al Padre Nicolas Domínguez por la invitación a esta Parroquia de Santa Martha de esta ciudad de Santiago de los Caballeros, y a ustedes por disponer de su valioso tiempo en estos días de cuaresma, para escuchar a un político que tiene la osadía de hablar de un asunto que por lo común es tratado por teólogos y filósofos, o bien por los pastores y sacerdotes en su predicación. Además, es un tema quesuele abordarse ante grupos de especialistas o círculos más cerrados.
Pero resulta que es un asunto central para todo cristiano que se esfuerce de verdad en vivir su fe. Un asunto que es necesario tratarlo y entenderlo para que esa fe sea una fe viva, afirmada después de contradicciones, dudas y complicaciones, en lo que Don Miguel de Unamuno llamaba el sentido agónico del cristianismo, ya que ser o tratar de ser seguidor de Cristo siempre demandará lucha y sacrificios con sentido heroico y trascendente. Esa fe viva se diferencia de «la fe del carbonero» que se cree y se vive porque si, porque es mejor creer en algo que no creer, creer por rutina y por comodidad, y sobre todo, creer en lo que dice una persona porqueestá investida con la autoridad para predicar verdades trascendentes.
Les pido que reciban mis palabras en buena medida como testimonio de mi experiencia personal de aproximación a Dios. Son diversos los caminos o vías para aproximarnos a Dios, para ir tras su búsqueda, quizás tantos como seres humanos han existido. Y la mía tuvo mucho que ver con la vía del intelecto, de la razón, aunque reconozco que después recibí en mi existencia muchas y sobrecogedoras confirmaciones.
Confieso que desde que era un joven amante de la lectura, este tema de la Providencia y la Libertad ha ejercido en mí una gran fascinación. Recuerdo que leyendo una biografía de Stephan Zweig sobre Erasmo de Rotterdam conocí sobre un intercambio epistolar histórico de éste con Martín Lutero, sobre como conciliar la idea de que Dios era Presciente- es decir que tenia un conocimiento previo de todas las acciones humanas, con la condición de seres libres que caracteriza a los humanos. La presciencia de Dios presuponía la predestinación, y ésta vaciaba de sentido la libertad humana, era el meollo de la discusión.
En torno a estas reflexiones se desprenden muchas interrogantes que todos nos hacemos, seamos cristianos o no, en algún momento de nuestra existencia: ¿Si somos seres libres y racionales, hechos a imagen y semejanza de Dios, por qué hacemos mal uso de esa libertad? ¿Cuándo el ejercicio de la libertad nos lleva al mal? ¿Por qué sufren los justos? ¿Por qué el drama de Job, su mejor exponente, lo padecetanta gente? ¿Cómo Dios siendo bueno permite que sucedan cosas malas a personas inocentes? ¿Por qué tenemos a veces la sensación de que el mal domina en la vida de las sociedades y el mundo? ¿Es real ese dominio? ¿Por qué existe el mal moral y quien es su causante? ¿El mal existe, o sólo es la ausencia de bien, como dicen los filósofos? ¿Peca el hombre al alejarse deDios que es el sumo bien, o por apartarse de Dios es cuando s e expone al pecado? ¿Cómo se desarrolla en el campo de los quehaceres humanos, o en el corazón humano, la lucha del bien y el mal, simbolizada en la parábola del trigo y la cizaña? ¿Puede extraerse algún bien de una situación donde se provoca mal moral?¿Tiene sentido la expresión popular «no hay mal que por bien no venga»? ¿Debemos temer al sufrimiento, o en cambio debemos verlo como una ocasión de ofrecerlo a Dios?
Estoy seguro que muchas de estas preguntas y otras más, todos ustedes se las han planteado de estas o parecidas maneras. Sin embargo, para muchos de los que no han recibido el inmenso don de la fe, estas cuestiones son usadas para negar la existencia de Dios, o para justificar la indiferencia frente a las realidades sobrenaturales, o incluso para asumir una actitud agnóstica.
En el orden intelectual, busque claridades sobre estos asuntos tan esenciales, Tanto con algunos de mis profesores como con intelectuales amigos de mucha mayor edad que la mía, solía conversar en mi juventud, tratando de encontrar respuestas para entender un mundo tan complejo y duro como el de la Guerra Fría en el que crecí, que erala proyección de las guerras y conflictos ideológicos más destructivos y malignos que haya tenido la humanidad, y en el que no era fácil encontrar la presencia de Dios.
Recuerdo que Don Luis Blasco, ex sacerdote, filósofo y dueño de la mejor librería especializada de Santo Domingo en esa época, me recomendó dos libros de Jaques Maritain, gran exponente del Humanismo Cristiano y uno de los pocos laicos que participaron en el Concilio Vaticano II, que para mi resultaron muy esclarecedores: Y Dios Permite el Mal, así comosu poca conocida, Filosofía de la Historia.
Después de devorarlos entendí mejor que ese «Decreto permisivo consecuente» del que hablan los teólogos para explicar como Dios, que es todopoderoso y además el sumo bien, permite que los hombres causen mal a los demás, a si mismos o al medio natural. Y como eso tiene mucho que ver con la condición de seres libres:hemos sido creados por Dios por amor, para que correspondamos a su amor con amor, pero con entera libertad, porque de lo contrario no seria verdadero amor, ya que éste exige una voluntad libre. Y la guía de esa libertad y esa voluntad humana, es la razón, una potencia que nos permite buscar y encontrar la voluntad de Dios, o por lo menos tener una intuición de la misma, vislumbrarla en un orden natural de las cosas,que no es más que reflejo de la ley Divina.
Pero también con Maritain aprendi lo que el llamaba la Ley del Doble Progreso Contrario, que en leguaje simple no era más que la lucha o tensión incesante entre los avances de la humanidad en la línea del bien seguidos por los esfuerzos destructivos en la línea del mal, como parte del plan de salvación de la humanidad. También, entendi cómo en ocasiones se obscurecía la perspectiva temporal de algunas generaciones sobre las posibilidades de que el bien triunfará.
Dios es inconmensurable e incomprensible para criaturas como nosotros que somos precarios y finitos, cuyos días sobre esta tierra son fugaces, “simples yerbas que se agostan con el sol”
Sin embargo, tenemos capacidad de buscarlo y encontrarlo en nuestra vida cotidiana, en los demás y en las realidades del mundo. Propiamente ese es el impulso vital profundo,que nos mueve de forma consciente oinconsciente. Por eso la verdadera libertad, nopuede usarse para hacer el mal. La verdadera libertad se realiza cuando el ser humano se empeña, no en desafiar el Plan de Dios, sino en emplearlo para cumplir con su voluntad, que no es otra que la de «pasar por esta vida haciendo el bien», siguiendo el prototipo del Perfecto Hombre que es Cristo, que nos fue enviado para enseñarnos el camino de la vuelta al Padre, del cual venimos y en el cual existimos. Esa es la libertad de los hijos de Dios, la que da plenitud de sentido a la existencia del ser humano.
Eso en modo alguno significa que aún buscando a Dios no cometamos errores o extravíos, o peor aun que no estemos expuestos a deslizarnos por las peligrosas pendientes de la soberbia, el orgullo y la vanidad, al creernos mejores que los otros, o los dueños de la verdad. O que queriendo hacer el bien, sin una recta ordenación o un sentido elemental de prudencia, terminemos provocando males mayores.
Dios nos da la libertad para buscarlo, encontrarlo y corresponder a él, no porque lo necesite, sino porque nos ama, y como no puede dejar de amarnos porque Él es el amor mismo, no nos deja solos, no se desentiende de ninguno de nosotros. Su providencia esta interactúando con los afanes humanos desde el comienzo de la historia humana, en formas que muchas veces no entendemos. Y de nuestras faltas y pecados, de nuestros sufrimientos y caídas sabe sacar muchos cosas buenas, sino para nosotros mismos y en los valores, todo el cuerpo social sufre las consecuencias, y nadie puede sustraerse de los efectos disolventes y altamente perjudiciales de semejante debacle histórica.
Todos los dominicanos y dominicanas están llamados a corresponder con generosidad y sacrificio heroico a ese llamado en este momento crucial de la vida de la nación. No hay espacios para vacilación, ambigüedad o tibieza. Recordemos que las faltas humanas más comunes son las de omisión, que son expresión de indiferencia, indolencia o insensibilidad frente al mal. Ellas, en especial, son más graves cuando las cometen los que tienen la responsabilidad de guiar y orientar a los demás desde funciones de liderazgo.
Y en muchas ocasiones las faltas por omisión provocan grandes daños, y sabe cobrar un alto costo a los mismos que las cometen. Winston Churchill decía al respecto que «la debilidad no es lo mismo que la traición pero muchas veces tenía las mismas desastrosas consecuencias.»
¡Los cristianos no podemos fallar como ciudadanos! ¡Los dominicanos no podemos dejar de proclamar Dios, Patria y Libertad! ¡Recordemos siempre lo que Duarte nos dijo sobre la cruz: ¡»No es la cruz signo de padecimiento, sino de redención»!
Marzo 2016.
















