En la semana recién transcurrida la Cámara de Diputados conoció y aprobó un proyecto de ley tendente a reformar la Policía Nacional.
En la sesión del pasado miércoles en que se conoció tan importante proyecto, pedí la palabra para advertir a mis colegas sobre dos aspectos que considero esenciales: la ausencia de escala salarial digna y la inconstitucionalidad de los artículos 38 y 39 que facultan a la designación de comisiones de ciudadanos independientes para realizar investigaciones en caso de crímenes o delitos.

Desde el punto de vista constitucional, el artículo 169 de la Constitución le atribuye al Ministerio Público el monopolio de la acción pública y de las investigaciones de crímenes y delitos que pueden derivar en acciones penales.
Igualmente, el artículo 88 del Código Procesal Penal, establece: “El Ministerio Público dirige la investigación y practica u ordena practicar las diligencias pertinentes y útiles para determinar la ocurrencia del hecho punible y sus responsables”.
Considero un absurdo jurídico concebir que comisiones de ciudadanos independientes puedan ser nombrados en casos que tengan o puedan tener derivaciones de orden penal frente a los investigados.
Es y será nula cualquier investigación que no esté bajo la dirección del Ministerio Público, por lo que cualquier diligencia investigativa que pudieran realizar comisiones de ciudadanos independientes, lejos de ayudar a una persecución penal efectiva, la viciaría completamente desde sus inicios.
El sistema procesal penal imperante en la República Dominicana no da ningún tipo de cabida a que pueda aplicarse la ley aprobada en la Cámara de Diputados, con respecto a las llamadas comisiones de ciudadanos independientes.
Fuera del aspecto jurídico, igualmente, resultaría sumamente peligroso que pudieran existir comisiones de ciudadanos en facultad legal de hacer investigaciones frente a determinados hechos criminales, ya que con ello se le daría herramientas al poder político de turno, llámese como se llame, a implementar persecuciones de tipo selectiva y/o política en sonados casos que podrían presentarse en el devenir del tiempo.
Fuera del tema constitucional planteado, al hacer uso de la palabra en el hemiciclo, expresé que era una absurda utopía creer que podría mejorarse la Policía Nacional, tecnifi carse, profesionalizarse, sin el establecimiento de un estatuto legal que dignifi que la vida de sus miembros y de sus familias.
Creer que con sueldo de 5 ó 6 mil pesos (denominado popularmente “sueldo cebolla”), pueda reclutarse un personal honrado y capacitado, no es más que una burla.
Si queremos reformar la Policía de verdad lo primero que tenemos que exigir es un voluntad política que se empeñe en que esta institución pueda reclutar hombres y mujeres capaces de entregar su vida y ofi cio en una profesión digna de servir a su país desde la institución del orden. Sueldos decentes, vivienda, seguridad social, protección, retiro digno, son ejes esenciales que deben acompañar a cualquier reforma; si no quiere pasar a ser un simple barniz publicitario en medio de un vendaval criminal que amenaza con barrer los cimientos de la sociedad dominicana.
El colega Eugenio Cedeño, de la provincia de La Romana, al sucederme en la palabra expresó que el hombre que procura ser policía para ganar un sueldo de 5 ó 6 mil pesos debía ser catalogado como un hombre “sospechoso”. Aunque en el momento me lució su posición un poco extrema, cuando nos adentramos y refl exionamos sobre ella nos damos cuenta que no lo es. El hombre que quiere el cargo de miembro de la policía, con un uniforme y un arma de reglamento, para ganar el sueldo cebolla como único método de subsistencia o de ingreso mensual, no procura hacer el trabajo que necesita la sociedad dominicana.
Se cae en la hipocresía de atacar a muchos alistados de la Policía Nacional y de las Fuerzas Armadas que con estos sueldos de miseria procuran entradas adicionales en el sector privado para no meterse a delincuentes. La realidad es que hay todo un sistema que lo empuja al pluriempleo como única manera de poder vivir. La Policía Nacional no mejorará si no se invierte en ella; si no se crean las academias, los laboratorios y se dignifi – ca la vida de sus miembros. Como dice el pueblo, la fi ebre no está en la sábana.
















