
No tendría más remedio que amarlo sin reservas, trataría de entender su preferencia sin verla como un defecto congénito o una aberración, no podría negar mi desilusión de verlo formar una familia tradicional, lo cual es el deseo de todo padre heterosexual, y como padre al fin, no vacilaria en asumir su defensa contra cualquiera que osara agredir su bienestar, incluso contra aquel que pretenda corromperlo y atentar con su moral, lucharía sistemáticamente y por igual contra toda influencia negativa, local o foránea, le pediría con firmeza que lo dejase ser como es, gay o no, exigiría por todos los medios mi derecho a ejercer la paternidad.

La prerrogativa de mi hijo en cuanto a su orientación sexual debe ser su derecho y su descicion y solamente de el, y la responsabilidad de ejercer algún tipo de influencia sobre sus desciciones debe ser de sus padres y solamente de ellos.
Si alguien osase ofrecer «facilidades» u ofrendas a mis hijos a cambio de su orientación sexual, equivale a fomentar la prostitución de mis hijas, Si vamos a respetar los derechos, debemos respetar los de todos, el de mi hijo y el de su padre Al margen de la ley, existen los principios, y dentro de estos los fundamentales.
El derecho a corromper no existe, aunque en la práctica sea ejercido por algunos que ostentan el poder, Al margen de lo que profesa la iglesia, y de lo que predican las leyes, pretender sentarse a hablar con nuestros hijos sobre lo que les conviene o no, implica tratar de subir una pendiente muy resbaladiza y una falta de respeto a sus padres.
La confianza en las autoridades educativas se verá lacerada notablemente sino se informa a los padres con anticipación sobre cualquier (charla) que alguien quiera tener con nuestros hijos, al margen del programa educativo regular.
Se debería tener la autorización escrita de los padres para permitirlo.
Tengo amigos homosexuales que gozan de mi afecto y respeto, no me avergüenzo de ellos, algunos son profesionales serios comprometidos con su ética y su moral. Les dispenso el mismo trato que quisiera reciba mi hijo si fuese gay.
Pero pretender influenciar en cualquier dirección a un menor de edad (que aún no define su carácter) en presencia de sus autoridades educativas, constituye una indelicadeza y un atropello a los derechos del niño.
Si queremos construir una sociedad justa, debemos respetar los derechos…los de todos.
Reflexionando / Por Ram Mella
















