Etiopía cuenta con el respaldo de Israel en sus intereses por recobrar control sobre el Mar Rojo, sobre el cual perdió su acceso tras la independencia de Eritrea en 1993.
Los Gobiernos Etiopía y Eritrea rompieron este viernes relaciones diplomáticas, un día después de que un ataque con drones tuviera como objetivo la sede del Ministerio de Defensa y de la Fuerza Nacional de Defensa etíope, ubicada en la zona de Tor Hayloch, en Addis Abeba.
Como represalia inmediata tras la explosión registrada el jueves, las autoridades etíopes procedieron a expulsar a diez diplomáticos eritreos y a cerrar su embajada en Asmara, la capital del país vecino.
La autoría del ataque con drones fue reclamada por grupos rebeldes que combaten al Gobierno etíope en la región norteña de Tigray. Sin embargo, Addis Abeba acusó a Eritrea de respaldar a dichos insurgentes, incluido el Frente de Liberación Popular de Tigray (TPLF), mediante «actos directos e indirectos de hostilidad y beligerancia» perpetrados contra territorio etíope.
Por su parte, el gobierno de Eritrea negó las acusaciones y respondió anunciando también la ruptura total de sus nexos diplomáticos. Desde Asmara se culpó a Etiopía de armar, entrenar y acoger a diversos grupos de oposición para avivar el conflicto interno y buscar un cambio de régimen. El Ministerio de Asuntos Exteriores eritreo denunció que estas maniobras forman parte de los planes expansionistas de Addis Abeba.
Estas tensiones en el Cuerno de África se han intensificado en los últimos meses debido a la exigencia de Etiopía, un Estado sin litoral, de reclamar porciones de la costa eritrea del Mar Rojo. Etiopía perdió su acceso directo al mar en 1993 tras la independencia de Eritrea, por lo que actualmente depende de Yibuti para su comercio internacional, una situación que el primer ministro Abiy Ahmed busca revertir estratégicamente.


















