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*Make NorteAmérica Great* #opinión

Fernando Buitrago

Puntos Vida

Nunca fue un gran país «por si solo», Los Estados Unidos de Norteamérica.

Creado a golpe de genocidios e invasiones de tierras, primero como las colonias y luego, como ya un país con nombre, Los Estados Unidos siempre estuvieron convencidos, por sus dirigentes, de expandirse.

El Destino Manifiesto** (Manifest Destiny) fue una creencia popular formulada en Estados Unidos durante el siglo XIX que sostenía que la nación norteamericana estaba providencialmente destinada a expandir sus dominios y difundir sus instituciones democráticas y culturales a lo largo de todo el continente de América del Norte. Esta doctrina ideológica y política sirvió como la principal justificación teórica para la rápida expansión territorial hacia el oeste, impulsando la anexión de vastos territorios, la adquisición de nuevas tierras y la reorganización geopolítica de la región a costa de las poblaciones indígenas originarias y de las naciones vecinas.

Luego, llega la Doctrina Monroe que hoy incluso, aparece renovada con la conocida doctrina Donroe , de Doland Trump.
La Doctrina Monroe fue un principio fundamental de la política exterior de Estados Unidos, sintetizado en 1823 bajo la consigna «América para los americanos». Formulada originalmente por el presidente James Monroe, esta doctrina establecía que cualquier intervención o intento de colonización por parte de las potencias europeas en los países independientes del continente americano sería considerado como una agresión directa y un acto de hostilidad hacia los Estados Unidos. Con el tiempo, esta política no solo evitó la injerencia europea en la región, sino que sirvió como fundamento para sostener la hegemonía estadounidense sobre la política y la economía del hemisferio occidental.

La Doctrina «Donroe » —término coloquial para el denominado Corolario de Trump a la Doctrina Monroe— es la reinterpretación contemporánea de la política exterior estadounidense impulsada durante la administración de Donald Trump. Formulada como una adaptación de la doctrina de 1823, busca reafirmar de manera unilateral el dominio estratégico y la primacía de Estados Unidos sobre el hemisferio occidental. En lugar de enfocarse únicamente en disuadir a potencias europeas tradicionales, esta versión persigue contrarrestar la influencia económica, política y militar de rivales como China y Rusia en Latinoamérica, justificando acciones de coerción económica, presión militar y la primacía de la agenda «Estados Unidos primero» por encima de los mecanismos de concertación multilateral.

Aun cuando no deben quitarse méritos a las invenciones tecnológicas, la innovación, el desarrollo, etc., la realidad es que Estados Unidos ha sido una sociedad marcada por el racismo, la no existencia de derechos civiles y la separación de sus razas; aun a los negros se les sesga bajo lo de «afroamericanos» y otros pendientes que no han logrado que el país sea un «todo» o que sus ciudadanos se sientan parte de un conjunto.

Estados Unidos, luego de la Segunda Guerra Mundial e incluso antes, participó en innumerables invasiones a otros países, atentados contra presidentes y cambios de régimen, todo para mantener económicamente a la nación y garantizar su dominio, por lo que el ser Great por sí solo nunca ocurrió del todo.

Hoy, Estados Unidos amanece todos los días con una política secuestrada por el sionismo y el mando en Israel. Las contradicciones a lo interno se incrementan, teniendo como elemento importante las deportaciones previo abuso de los deportados, y desde el Ejecutivo, con la venia del Legislativo, se degrada la institucionalidad creada hasta rozar el autoritarismo y el neofascismo aplaudido y aupado por un mesiánico sistema dizque judeocristiano.

No, Estados Unidos nunca fue Great por sí solo y hoy el mundo no solo busca rebelarse y quitarse las ataduras que el poder naval, militar y, claro, el financiero aún arropa, sino que se unen para luchar juntos mediante avances tecnológicos imparables y alternativas a las relaciones internacionales.

Sería de locos pedir la caída de los Estados Unidos. Es un país de más de 300 millones de personas, hermoso, con grandes e importantes universidades y mucho que aportar al mundo que viene, pero no podrán detener lo inevitable: que lo mejor de sus hombres y mujeres clame Make America Great, donde todos sean norteamericanos, sin sesgos, al fin.