Por Juan Carlos Espinal.

Es de vital importancia que la sociedad Dominicana en su conjunto tenga plena conciencia de que el voto en las elecciones generales no se compra solo el día del sufragio. El fraude electoral funciona como una red permanente de sobrevivencia. Los empresarios oligarcas entregan donaciones privadas sin límites a las élites de los partidos políticos dominicanos para que los operadores de estas agrupaciones sobornen a sus militancias empobrecidas financiando el delito con la receta médica, el empleo en el ayuntamiento, el cupo en la escuela pública, el camión de agua en los barrios marginados cuando falla el servicio público de la CAASD, por ejemplo.
Para un amplio segmento de la clase media-baja y baja, romper con esa red de lavado de activos sería quedarse sin acceso a servicios que el Estado no garantiza de forma universal.
En verdad, no se trata de ignorancia sino que al ser un círculo vicioso la relación partido-sociedad se constituye en un cálculo racional a corto, mediano y largo plazo.
Además, la Ley de partidos políticos favorece a los partidos de la democracia representativa con estructura nacional.
Para inscribir una candidatura independiente se requiere un partido que preste las siglas, los símbolos y la boleta electoral al tiempo que esa organización reconocida cobra intereses por ese recurso.
A todo esto, el financiamiento público va directo al 80% de los partidos políticos mayoritarios.
Candidat@s sin apellido ni abolengo familiar no pueden conseguir ni local, ni respaldo financiero, ni boletas electorales. Como resultado, aunque la sociedad Dominicana quiera votar diferente al estatus quo instalado, en la boleta siempre aparecen los mismos rostros de las familias y grupos económicos oligarcas detrás de las distintas siglas.
Los acontecimientos históricos de la guerra civil de 1965, los asesinatos de la dictadura para militar de Joaquín Balaguer, la poblada de 1984 y la conmoción de las quiebras de bancos de 2003 aún permanecen en la memoria de los efectos colaterales que implicó la crisis estructural de los apagones, la inestabilidad de Haití, qué en la psiquis del electorado conservador pesa mucho.
Ese elector conservador hijo directo de la herencia de la dictadura trujillista prefiere el malo conocido que arriesgarse frente a un experimento político democrático que desde la Constitución pueda transformar el modelo de remesas, turismo, dólar y subsidios estatales por un esquema de derechos. La élite neoliberal y la Plutocracia venden una estabilidad ficticia a través del mantenimiento de la desigualdad, la deuda externa y el secuestro de los Fondos de Pensiones de los Trabajadores. Y de esa manera el sistema político funciona sobre todo entre el electorado conservador de clase media.
En ese sentido, los movimientos sociales incorporados, la sociedad civil organizada y los partidos politicos de la izquierda política movilizan un electorado libero-conservador que en el interregno se convierten en partidos minoritarios porque en el fondo de la cuestión la ley de partidos exige estructuras muy costosas. Y cuando un ciudadano independiente tiene alta valoración social termina absorbido por un bloque mayor para poder operar en las estructuras oligarcas.
Contrario a lo que se piensa, la desigualdad socioeconómica en el país es extrema por lo que las malas prácticas no generan un voto de castigo disidente aún cuando produce abstención selectiva. Vota más el que tiene algo que perder o que ganar del sistema político.
Ese fenómeno se da mucho en los barrios marginados de alta abstención en el Gran Santo Domingo (30-40% no vota), porque en esos territorios excluidos del crecimiento económico sin desarrollo científico tecnológico se concentra la extrema pobreza. Quienes votan a los partidos políticos dominicanos votan por el que les garantiza algún beneficio concreto.
Es decir, en el sistema de recompensas amplios segmentos de la población votan contra sus propios intereses de clase. Y es que dentro de las reglas actuales, votar por la élite es la forma más segura de mantener un mínimo de acceso a servicios de calidad, mientras votar por propuestas programáticas se percibe como tirar el voto en saco roto.
A su vez, el elector dominicano promedio es muy distinto a la sociedad Dominicana de los quintiles de mayores ingresos. Culturalmente, la sociedad dominicana se sitúa en 4 ejes distintos. En los diferentes estratos sociales el voto conservador en valores religiosos usualmente es un sujeto pragmático en cuanto a la estabilidad de su economía familiar. Al ser un sujeto
religioso- secular, el 75% se declara católico o evangélico practicante. Este individuo aborda temas como el aborto, el matrimonio igualitario y la legalización de drogas sobre bases analíticas estáticas y bajo líneas rojas incluso entre jóvenes de entre 18-25 años.
De forma contradictoria asume que la familia nuclear no es sino que una extensión de una red de seguridad económica. La abuela que cuida niños. El primo que vive en Nueva York que envía remesas. El amigo de estudios primarios que es funcionario público. Cualquier propuesta que suene a transformar lo que como sujeto social considera seguridad familiar es rechazada.
Pero, de forma unánime en lo referente a la economía es de pensamiento liberal. Acepta el capitalismo como sentido particular asumiendo la relación del negocio informal con el subdesarrollo institucional, y al mismo tiempo quiere que el Estado le resuelva sus precariedades. Por lo tanto, su cosmovisión de la democracia es de carácter personalista, no partidista. Este ciudadano no
vota por programas de desarrollo colectivo. Vota por la persona que le garantiza su estatus.
Usualmente, los dominicanos ubicados en la incertidumbre de la existencia creen más a un líder que le lleva una funda de comida de forma personal que a un partido político con un plan de gobierno de 200 páginas. Es por esa razón que en las encuestas Leonel Fernández, Danilo Medina, Luis Abinader y hasta individuos sin calidades histórico-políticas como David Collado u Omar Fernández, por ejemplo, pesan más que organizaciones influyentes como el PLD, la FP o el mismo PRM.
Culturalmente, el voto mayoritario es de un elemento social «buscavida». A la personalidad de ese voto coyuntura no le gusta el discurso de transformación a largo plazo. Quiere soluciones a sus problemas básicos del día a día. Como es un sujeto dependiente sus demandas son asuntos elementales cuyas obligaciones materiales requieren de una obligación del Estado a la luz de los privilegios: asfalto, luz, empleo.
En ese orden de ideas, el discurso de la izquierda política dominicana lo encuentra desfasado porque en los proximos 10 años no sabe si estará muerto. Por tanto, para él la retórica de que en el futuro seremos una potencia no conecta con su indigencia.
De manera que a partir de esta visión sociológica existen tres electores culturales distintos en un mismo territorio. El elector del Gran Santo Domingo (DN, SDE, SDN) es más urbano, informado, anti-político tradicional que consume redes sociales como TikTok y YouTube. Es un sujeto que vota castigo y exige transparencia. Es el individuo que se unió a la Marcha Verde en las redes sociales aún cuando es el tipo de ciudadano que más se abstiene si no ve propuesta.
Le sigue el elector del Cibao (Santiago, La Vega) qué es más productivo pues es de clase media empresarial. Este valora el orden establecido y favorece a los hombres de trabajo. Le importa quién genera empleo, no quién posee un discurso de vanguardias. Es el más cercano a la derecha política.
Por otro lado, se encuentra el elector del Sur y Este profundo. Es el sujeto más dependiente del Estado y de la remesa. Por tanto es más clientela pues vota por lealtad. En su estructura mental el partido político es la familia nuclear.
La vinculación de los diferentes estratos sociales se caracteriza por el análisis económico porque sabemos de ante mano que estamos en presencia de un desacuerdo en una misma relación. Y esto se debe a cómo se formó el Estado dominicano después de Trujillo.
La dictadura militar Trujillista no dejó una burguesía industrial fuerte sino que tras su asesinato por ordenes del Pentágono 12 familias heredaron las empresas más productivas, las tierras más fértiles y los bancos. Esas familias oligarcas necesitaban unos partidos políticos que les garantizaran que no les quitaran lo confiscado. Balaguer les garantizó la actual posición de privilegios. Es decir, estabilidad a cambio de apoyo económico.
Ahí nace la primera alianza élite-partido. Algunos teóricos de pos guerra lo denominan el partido-Estado.
El PRD, por ejemplo, visualizado en principio como partido de izquierda con un liberal como Peña Gómez, para tratar de gobernar con el empresario Antonio Guzman en 1978, tuvo que pactar con la oligarquía de de Santiago y Santo Domingo que tenía el control de las importaciones. Sin dólares del Banco Central y sin apoyo de la cúpula empresarial pro Washington vinculada al golpe de estado a Juan Bosch en 1963, sin ese apoyo no habría gobierno posible.
Desde entonces, todo partido político de la democracia representativa 1966-2024 que quiere ganar necesita el «visto bueno» de la Embajada de los Estados Unidos, los grupos financieros que controlan la banca, el cemento, la varilla, el mercado del azúcar, los puertos y los supermercados.
No se trata de ideología sino de financiamiento de campaña electoral y gobernabilidad económica.
Según nuestras consultas previas a esta investigación una campaña presidencial cuesta entre US$80-150 millones de dólares. El Estado solo cubre 20-30% de los gastos. El resto proviene de los grupos económicos que donan miles de millones de pesos y después les cobran a la Plutocracia con permisos de tierra, exoneraciones, obras públicas, importaciones de arroz, contratos de energía o simplemente favores.
Por eso, bien sea el PLD, PRM o FP, cuando ganan las elecciones, los ministros de Hacienda, Industria y Obras Públicas son representantes del mismo círculo empresarial o son validados por él.
Eso hace que en lo económico, todos gobiernen bajo el mismo guión que consiste en un modelo de zonas francas, turismo todo incluido, importaciones, reformas fiscales contra revolucionarias o en última instancia en favor de los grandes patrimonios.
Como la derecha económica pactó con el PLD, entre 1996-2019, pues la élite tecnocrática que se unificó con la oligarquía impulsó a la clase media emergente y avanzó en el desarrollo de las obras públicas pos Balaguer, por ejemplo.
Respecto al PRM, esa élite empresarial se encuentra gobernando de forma directa sin intermediarios partidarios porque es el último residuo de la oligarquía de pos guerra.
En cuanto a la élite política de la Fuerza del Pueblo está se ubica en los núcleos tradicionales de la burguesía que busca reenganchar con el empresariado oligarca después de salir del poder. Lo que en la actualidad se observa no es sino que una derecha oligárquica sin cultura política o ideológica qué coincide con las oligarquías de países neoliberales como España o Chile, con think tanks y matices dentro de sus programas de gobierno. Se trata de una oligarquía pragmática que quiere bajos impuestos al patrimonio, control de aduanas y puertos, poca competencia, y que ningún gobierno toque la tierra, el ISR o la acumulación del sistema financiero
Está oligarquía, como es patrimonialista y des-industrializados, se adapta al partido que esté arriba.
Por eso, aunque la base de los partidos sea popular, la estructura económica decide las candidaturas y los ministerios. Por lo tanto siempre sus intereses de clase se manifestaran a partir del mismo circuito de 200 familias de la burguesía existentes entre Piantini, Santiago y La Romana. No por conspiración, sino porque son los únicos con recursos económicos para financiar campañas nacionales y con redes sociales para garantizar la estabilidad ante EEUU y el turismo.
Para romper con eso la sociedad Dominicana en su conjunto debe entender que la vía no es el discurso anti-oligarquía qué aísla al voto independiente sino construir una base económica y política propia. Es decir, a partir de alianzas de clase con identidad socio cultural con los núcleos más progresistas de las cooperativas, pymes y financiamiento colectivo de campañas que es lo que reduce la dependencia. No se trata de ignorancia sino que al ser un círculo vicioso es un cálculo racional a corto, mediano y largo plazo.
Además, la Ley de partidos favorece a los partidos políticos de la democracia representativa con estructura nacional.

















