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Collado, Carolina y la verdadera batalla dentro del PRM: entre encuestas infladas, oligarquía percibida y la fuerza de la estructura partidaria

texto según opiniones y revisiones y aprobación de Fernando Buitrago

Puntos Vida

En la política dominicana de 2026, pocas discusiones generan tanta tensión silenciosa dentro del Partido Revolucionario Moderno (PRM) como la eventual disputa por la candidatura presidencial entre David Collado y Carolina Mejía. Las encuestas, especialmente las de ACD Media dirigida por Dany Alcántara, han insistido en colocar a Collado con márgenes amplios tanto a nivel nacional como entre simpatizantes del partido. Sin embargo, una percepción extendida —sobre todo hacia adentro del PRM— sostiene que esas cifras no reflejan la realidad de las bases, ni la empatía de calle, ni el capital político real necesario para ganar una nominación. Más aún: si las mediciones siguen privilegiando de forma excesiva a un candidato que muchos consideran lejano a las masas, la propia encuestadora corre el riesgo de erosionar por completo su credibilidad.

La desconexión entre las cifras y la percepción interna

Varias firmas han coincidido en darle ventaja a Collado. ACD Media ha repetido escenarios con porcentajes elevados entre perremeístas y en intención de voto general hacia 2028. Gallup-RD y otras mediciones también lo han situado por delante de Carolina. Pero no es unánime. Encuestas como la de IDEAME de finales de julio 2026 mostraron empates técnicos dentro del partido, y en el Distrito Nacional algunas mediciones locales han favorecido a la alcaldesa. Esa discrepancia alimenta la sospecha de que ciertos sondeos pueden estar inflando números de un aspirante cuya penetración real en las bases es limitada.

Dentro del PRM la balanza se inclina, mayoritariamente, hacia Carolina. No se trata solo de simpatía emocional: se trata de estructura, lealtades, trayectoria partidaria y percepción de cercanía. Collado, pese a su alta visibilidad como ministro de Turismo y a un reconocimiento de nombre que supera el 80 % en mediciones anteriores, es visto por muchos militantes como alguien que no se ha mezclado suficientemente con el pueblo. Su perfil es el del gestor eficiente, el ministro que entrega resultados sectoriales, pero no el del dirigente que recorre comités de base, cultiva lealtades personales profundas o proyecta empatía cotidiana. Esa distancia pesa. En política dominicana, especialmente dentro de un partido con tradición de estructura fuerte, la nominación no se decide en la esquina del parque ni en las encuestas de opinión pública: se decide a lo interno.

Collado: de Salcedo a la “oligarquía” percibida

David Collado no es un total desconocido. Fue diputado, alcalde del Distrito Nacional entre 2016 y 2020, y ahora ocupa uno de los ministerios de mayor exposición. Llegó a la capital después de una gestión en Salcedo que muchos recuerdan como transformadora y exitosa. Sin embargo, su paso por la alcaldía del Distrito Nacional no dejó el mismo recuerdo de obras significativas ni de una conexión profunda con las masas populares. Se le proyectó más como administrador que como político de barrio. Como diputado, tampoco se le recuerda por una trayectoria legislativa especialmente destacada en la memoria colectiva de las bases.

A esto se suma un factor que le perjudica de manera silenciosa pero contundente: la percepción de que pertenece a la “oligarquía”. En un país donde el electorado y, sobre todo, la militancia tradicional del PRM valoran la cercanía y el “olor a pueblo”, esa etiqueta —justa o no— opera como un lastre. Collado es visto como alguien de buenos contactos, de estilo gerencial y de bajo perfil político-partidario, más cercano a los resultados técnicos que a la política de calle. Mientras se mantenga concentrado en Turismo y en una imagen de eficiencia, le costará demostrar que es más que un buen ministro. Para competir en serio por la nominación necesita convertir su capital mediático en capital partidario real: más presencia en base, más acuerdos con corrientes internas y más evidencia de que conecta más allá de la gestión.

Carolina: la ventaja estructural y el crédito de la gestión

Carolina Mejía parte con ventajas claras y difíciles de ignorar. Fue secretaria general del partido durante años, posición que le permitió tejer redes, conocer la estructura y cultivar lealtades. Es alcaldesa del Distrito Nacional, el territorio con mayor peso simbólico y mediático del país. Y arrastra el capital del hipolitismo: su padre sigue siendo un factor de poder real dentro del PRM. Hipólito Mejía lo ha dicho abiertamente en más de una ocasión: la elección se hace “a lo interno”, no en las encuestas externas, y proyecta una victoria clara de su hija en ese escenario.

Hay un elemento adicional que refuerza su imagen de gestora: en el Distrito Nacional, bancos y otras instituciones han intervenido en la recuperación y embellecimiento de innumerables parques y espacios públicos. Esas obras se le acunan a Carolina como alcaldesa y administradora eficiente, aunque no necesariamente todos los recursos hayan salido del presupuesto municipal. El efecto político es el mismo: se consolida la narrativa de una autoridad que transforma el entorno urbano, que “hace ciudad” y que mantiene presencia constante. Esa percepción de cercanía y continuidad con el estilo tradicional del perredeísmo/perremeísmo le da un “olor a partido” que Collado todavía no ha logrado proyectar con la misma fuerza.

Encuestas versus realidad partidaria

El punto central es este: las encuestas miden preferencia de electores o simpatizantes, pero la nominación se decide dentro del partido. Collado tiene respaldo de un número importante de alcaldes y dirigentes municipales, y ha tejido alianzas recientes. No es exacto decir que “no es conocido” dentro del PRM. Sin embargo, su penetración en las bases tradicionales y en la estructura orgánica es percibida como limitada comparada con la de Carolina. En una primaria o convención cerrada —solo militantes o con padrones controlados—, la maquinaria, las lealtades y el control de la organización pesan mucho más que los números de opinión pública.

Si las encuestadoras, y en particular ACD Media, siguen insistiendo en márgenes amplios a favor de Collado que chocan con la percepción interna del partido y con el feeling de calle, terminan arriesgando su propia reputación. En República Dominicana las firmas de opinión suelen ser cuestionadas precisamente por la sospecha de que “posicionan” candidatos más que miden. Cuando las cifras no se alinean con futuros resultados o con mediciones independientes más cercanas a la realidad de las bases, la credibilidad se desgasta.

El verdadero termómetro

Collado todavía tiene el reto de demostrar que es más que el ministro de Turismo exitoso. Necesita superar la percepción de lejanía, de oligarquía y de escasa mezcla con el pueblo. Carolina, por su parte, debe capitalizar su ventaja estructural sin subestimar el capital de imagen pública que Collado ya ha acumulado. El tiempo y las primarias (o la convención) del PRM serán el verdadero termómetro. Las encuestas solas no dan la nominación. En la política dominicana, especialmente dentro de un partido con historia y estructura, lo que decide es la capacidad de mover comités, de generar lealtades y de conectar con quienes realmente votan en los procesos internos.

La discusión no es solo sobre números. Es sobre percepción, empatía, trayectoria y poder real dentro del partido. Y en ese terreno, según una lectura extendida entre sectores importantes del PRM, Carolina Mejía parte con una ventaja que las encuestas de opinión pública todavía no han logrado desmontar.

texto según opiniones y revisiones y aprobación de Fernando Buitrago
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