
Santo Domingo, República Dominicana – Cuando el Corredor Núñez de Cáceres fue inaugurado, las autoridades y operadores lo vendieron como la gran revolución del transporte público en la capital. Un sistema moderno, eficiente, con unidades cómodas, aire acondicionado y frecuencias que por fin aliviarían el caos del tránsito en una de las rutas más demandadas de norte a sur de la ciudad. Hoy, esa promesa se ha convertido en una decepción constante para miles de usuarios diarios.
Precios altos, servicio de bajo costo
Uno de los reclamos más frecuentes es el del precio del pasaje. Lo que se presentó como un sistema integrado y accesible ha visto incrementos que golpean directamente el bolsillo de estudiantes, trabajadores y familias de sectores como Los Ríos, Villa Juana, Ensanche Kennedy y zonas aledañas. Mientras el servicio se deteriora, el costo se mantiene elevado o incluso sube, sin que los usuarios reciban a cambio la calidad que se les vendió.

Sin aire acondicionado y unidades en mal estado
Muchas de las unidades que circulan actualmente lo hacen sin aire acondicionado, algo que contrasta fuertemente con las imágenes promocionales de buses modernos y climatizados que se mostraron en su lanzamiento. Usuarios reportan viajes sofocantes, especialmente en las horas pico bajo el implacable sol dominicano. Además, se denuncian unidades en condiciones precarias: asientos rotos, poca limpieza y mantenimiento deficiente.
Insuficiencia de autobuses: esperas eternas y aglomeraciones
Otro problema grave es la falta de unidades. Las frecuencias han caído, lo que genera largas esperas en las paradas y autobuses abarrotados donde ni siquiera es posible mantener la distancia mínima. Lo que antes se publicitaba como un corredor ágil y ordenado se ha convertido en otro ejemplo de transporte público saturado y poco confiable.
¿Qué pasó con el “modelo de transporte moderno”?
El Corredor Núñez de Cáceres fue presentado como parte de un Sistema Integrado de Transporte que conectaría eficientemente con el Metro y otras rutas. Sin embargo, la realidad actual muestra un claro deterioro: menos buses, menos comodidad y más quejas. Los usuarios no piden lujo, solo lo básico que se les prometió: unidades en buen estado, con aire acondicionado funcional, frecuencias razonables y un precio justo por el servicio.
Es inaceptable que un proyecto que consumió recursos públicos y generó grandes expectativas termine convirtiéndose en una carga adicional para la ciudadanía. Las autoridades del INTRANT y los operadores del corredor tienen la responsabilidad de revertir esta situación antes de que el malestar se convierta en una crisis mayor.
Los dominicanos merecemos un transporte público digno, no un sistema que se publicita como solución y se entrega como problema. Es hora de que el Corredor Núñez de Cáceres deje de ser solo un nombre en un mapa y vuelva a ser la alternativa real y confiable que alguna vez prometieron.
Los usuarios ya hablaron. Ahora falta que las autoridades actúen.


















