Nunca podré estar del todo de acuerdo con Gloria Reyes, y sé que ella, a veces, seguro no estará de acuerdo con las líneas que de vez en cuando me atrevo a escribir y difundir.
Decretada en un puesto que no le quedó grande, Gloria ha sido, por meses y años, agredida por la canalla mediática que una y otra vez la sumergió en un contexto de corrupción y fraudes al que nunca perteneció, porque Supérate no maneja tarjetas. En un mundo donde la verdad no es lo importante, sino la presión que pueda ejercer el chantaje, ella aguantó.

Nunca se le vio “pasarle” el cubo de estiércol a la institución responsable de las debilidades del sistema de las tarjetas. Al contrario, de forma estoica y valiente enfrentó en los medios a los perversos que insistían en hacerle creer que ella era corrupta.
Gloria no posee ni un día o dos de descanso. Aliada o perteneciente al equipo de Yayo, han recorrido todos los equipos políticos fortaleciéndose, aun cuando yo, personalmente, sepa de antemano que algunos aliados terminarán traicionándola. Y la culpa es, precisamente, de ellos, porque guerra avisada no mata soldados.
Hoy Gloria “suena” para un puesto importante en el PRM. Y lo único que puede decirse es que, en esa jungla de lealtades, traiciones, insípidos, vagos, codazos y más traiciones, el PRM podría garantizar que al menos ella no se quedará sentada disfrutando las mieles del poder y, menos aún, de la corrupción a la que apelan algunos cuando llegan a los podios.
Elogios y críticas: así debe ser el periodismo real. No quedar atrapados en campañas de sicarios mediáticos chantajistas que han atentado contra Gloria desde orígenes perversos, incrustados en su propio partido. Ser justos nos da coherencia: hay que ponderar a quien lo merezca y no ser complacientes con los que no.
Al César lo del César, y a Gloria lo de Gloria.



















