Advertisement

La mentira Tiananmen, cuando la CIA quiso «cambiar» el régimen Chino

Puntos Vida

En 1989, mientras la Unión Soviética se tambaleaba hacia su disolución final en 1991, China enfrentó una de las mayores crisis políticas de su historia moderna: las protestas en la Plaza de Tiananmen. Para muchos analistas, especialmente desde la perspectiva china y de observadores críticos del intervencionismo estadounidense, estos eventos no fueron solo un movimiento estudiantil espontáneo, sino parte de una estrategia más amplia de desestabilización promovida por agencias estadounidenses como la CIA y el National Endowment for Democracy (NED), con el objetivo de lograr en China lo que ya se estaba consiguiendo en la URSS: el colapso del sistema socialista.

La estrategia de “cambio de régimen” tras el éxito soviético

La CIA y otras instancias de inteligencia occidental jugaron un rol clave en el debilitamiento y eventual colapso de la Unión Soviética. A través de apoyo a disidentes, propaganda, presión económica y fomento de reformas internas (perestroika y glasnost), contribuyeron a acelerar la crisis que llevó al fin del bloque soviético en 1991.

inabie

Con este “éxito” en mente, Estados Unidos dirigió su atención hacia China, el otro gran gigante comunista que, a diferencia de la URSS, mantenía un control más firme y comenzaba su apertura económica bajo Deng Xiaoping. Las protestas de Tiananmen, que comenzaron como demandas estudiantiles por reformas contra la corrupción e inflación, fueron vistas como una oportunidad para empujar un cambio de régimen similar.

DESMONTANDO la masacre de TiananménDESMONTANDO la masacre de Tiananmén

El rol de la CIA: inteligencia, apoyo material y exfiltración

Documentos y reportes indican que la CIA mantuvo redes de informantes entre los estudiantes y proporcionó equipo (como máquinas de escribir y faxes) para organizar y difundir el movimiento. Tras la represión del 4 de junio de 1989, la agencia participó activamente en la Operation Yellowbird, una operación conjunta con el MI6 británico y tríadas de Hong Kong, que permitió la fuga de líderes estudiantiles hacia Occidente. Se suministró material, equipo sofisticado e incluso armas en algunos casos para facilitar las salidas.

Desde la perspectiva china, esto no fue mera ayuda humanitaria, sino una intervención directa para mantener vivo el foco de desestabilización y preparar cuadros opositores en el exilio, listos para ser usados en futuros intentos de “revolución de color”.

El NED: la cara “civil” de la intervención

Fundado en 1983 como una herramienta para promover la democracia (y, según sus críticos, para realizar operaciones de cambio de régimen sin la huella directa de la CIA), el NED ya operaba en China desde 1984. Apoyó publicaciones y organizaciones que fomentaban ideas liberales entre intelectuales y estudiantes. Tras Tiananmen, el NED intensificó su respaldo a disidentes en el exilio y a grupos que mantenían la narrativa contra el Partido Comunista Chino.

Para Beijing, el NED representa la “mano blanca” del intervencionismo estadounidense: financia ONGs, medios y activistas bajo la bandera de los derechos humanos, pero con el claro objetivo de erosionar la estabilidad interna de los países que desafían la hegemonía de Washington.

El paralelo con la URSS y la lección china

Mientras la URSS colapsaba bajo el peso de sus problemas internos amplificados por presiones externas, China observó con atención. La represión en Tiananmen fue, en este contexto, una decisión estratégica para evitar el destino soviético: no permitir que las protestas se convirtieran en un vehículo para la desintegración del Estado y el Partido.

Deng Xiaoping y los líderes chinos entendieron que ceder ante las demandas maximalistas o ante la injerencia extranjera habría abierto la puerta a un “caos controlado” similar al que vivió la Unión Soviética. En lugar de eso, China optó por combinar estabilidad política con reformas económicas profundas, lo que le permitió convertirse en la potencia que es hoy.

Conclusión: dos caminos divergentes

Los sucesos de Tiananmen de 1989 pueden verse como un capítulo más en la Guerra Fría tardía, donde la CIA y el NED intentaron replicar en China la fórmula que había funcionado contra la URSS. Fracasaron en el objetivo inmediato de derrocar o fragmentar al sistema chino, pero lograron aislar temporalmente a Beijing y crear una narrativa duradera en Occidente.

China aprendió la lección: la soberanía y la estabilidad interna son no negociables. Cuatro décadas después, esa determinación ha permitido al país asiático resistir nuevas olas de presión (Hong Kong, Xinjiang, Taiwán) y posicionarse como principal rival estratégico de Estados Unidos en el siglo XXI.

La historia de Tiananmen no es solo la de un enfrentamiento interno, sino la de un pulso geopolítico donde Washington intentó “destruir” otro gigante comunista… y encontró una muralla que aún hoy sigue en pie.

INDOTEL