
A menos de dos semanas del primer turno de las elecciones presidenciales de Brasil, Meta, la empresa de Mark Zuckerberg, restringió la cuenta de anuncios de la campaña de Luiz Inácio Lula da Silva y llegó a deshabilitar temporalmente su perfil oficial en Facebook. La medida, tomada de forma unilateral y sin explicación clara, generó una fuerte reacción del Partido de los Trabajadores, que denunció un “grave riesgo a la paridad de armas” en el proceso electoral.
El episodio no ocurre en el vacío. Se produce en un momento de máxima polarización, con el bolsonarismo como principal fuerza de oposición, y refuerza la percepción de que las grandes plataformas tecnológicas estadounidenses no actúan como espacios neutrales. Cuando una empresa controlada por Mark Zuckerberg limita la capacidad de comunicación del candidato oficialista a pocos días de la votación, la lectura política es inevitable: las redes sociales, lejos de ser un terreno neutral, se convierten en actores con capacidad de influir en el resultado.
El poder discrecional de las plataformas
Meta no ofreció una justificación detallada. Se limitó a indicar que ciertas actividades no cumplían sus reglas. Para la campaña de Lula, la decisión fue “unilateral, imotivada y sin fundamento objetivo”. El PT exigió el restablecimiento inmediato de la cuenta de anuncios y no descartó acudir al Tribunal Superior Electoral.
El daño, sin embargo, ya estaba hecho. En una elección donde gran parte de la disputa se juega en el entorno digital, limitar la publicidad y el alcance de un candidato en Facebook e Instagram equivale a reducir su capacidad de hablar con millones de electores en el momento más crítico.
La dependencia de la izquierda
Este caso vuelve a exponer una debilidad estructural de gran parte de la izquierda latinoamericana: su dependencia de infraestructuras digitales controladas por empresas estadounidenses cuyos dueños y entornos políticos no simpatizan necesariamente con proyectos progresistas. Mientras la derecha ha sabido construir comunidades fuertes y resiliencia digital, sectores de la izquierda siguen confiando en plataformas que pueden, de un día para otro, restringir su voz.
La respuesta no puede limitarse a la denuncia. La izquierda necesita, al mismo tiempo:
- Construir y fortalecer canales propios (plataformas alternativas, listas de difusión, sitios web, redes descentralizadas).
- Profesionalismo y sofisticación en el uso de las redes existentes, diversificando formatos y reduciendo la vulnerabilidad a decisiones arbitrarias de moderación.
Un precedente peligroso
Cuando una de las empresas más poderosas del mundo limita la comunicación de un presidente en campaña a días de una elección, el mensaje es claro: el poder de los tecno-oligarcas puede inclinarse en favor de un bando. Aunque Meta haya restablecido posteriormente el acceso, el precedente queda establecido.
En la disputa entre Lula y el bolsonarismo, Mark Zuckerberg y Meta no se presentaron como árbitros neutrales. Con su decisión, se convirtieron en un actor más del conflicto político brasileño.
















