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China no conspira: solo comercia. El error de Pelegrín Castillo

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opinión, elaborado por Multimedios LZO sobre texto de Fernando Buitrago, revisión activa

Pelegrín Castillo, político dominicano de derechas, insiste en hablar de un supuesto “plan de dominación” chino en América. Es una afirmación grave, cargada de miedo y de una visión del mundo que ya no corresponde a la realidad. Quien ve en China una versión asiática del imperialismo occidental comete un error de análisis profundo: proyecta sobre Pekín los métodos que Occidente ha practicado durante siglos.

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Puntos Vida

twit de Pelegrin, lleno de errores
La visita de @petrogustavo a La Habana, cuando es más que evidente que prepara un proceso insurreccional, en contra del Presidente @ABDELAESPRIELLA, forma parte de una solo estrategia coordinada para convertir el Gran Caribe en un atolladero de EEUU. Creen que tiene vigencia la estrategia de la Tricontinental de derrotar “ al imperialismo norteamericano con dos, tres, muchos Vietnam”. Todas las fuerzas radicales, en coordinación estrecha con el imperio del Crimen Organizado Transnacional…y en los planos estratégicos y profundos, las potencias mundiales rivales, van a tratar de demostrar en su región de seguridad más sensible, que EEUU es un “Tigre de Papel” Eso en buena medida explica el anuncio reciente del Comando Sur… la escala de operaciones se amplía al Hemisferio.

China no se inmiscuye en las políticas internas de los países. No planea atentados. No organiza cambios de régimen. No financia golpes de Estado ni impone presidentes a través de fraudes o intervenciones militares. Su propuesta es otra: comercio, inversión e infraestructura. Nada más y nada menos.

Mientras Estados Unidos ha convertido el “patio trasero” en una doctrina, ha impuesto aranceles punitivos a sus propios aliados y ha respaldado o tolerado líderes que responden a sus intereses geopolíticos, China ofrece puertos, carreteras, energía y acceso a mercados. Los países eligen. No son obligados. Las ventajas comerciales son las que convencen a gobiernos y sociedades, precisamente porque no vienen acompañadas de condiciones políticas, amenazas ni chantajes ideológicos.

Este contraste se vuelve aún más claro cuando se recuerda el pensamiento del «Destino Manifiesto». Desde el siglo XIX, una corriente profunda de la mentalidad norteamericana sostiene que Estados Unidos fue destinado por Dios para expandirse, liderar y, en última instancia, gobernar el mundo. Esa idea no fue solo una justificación para la conquista del territorio continental: se convirtió en una forma de ver el poder. El Destino Manifiesto convirtió la dominación en misión divina, la intervención en deber moral y el control de otros pueblos en una especie de designio celestial.

Pensar que China procede igual que Occidente es fruto de un sesgo de pensamiento obsoleto y profundamente egoísta. Occidente —y especialmente Estados Unidos— midió el poder por la capacidad de someter, muchas veces bajo la convicción de estar cumpliendo un mandato superior. China lo mide por la capacidad de producir, innovar y vender. Esa diferencia no es menor: es estructural.

Además, conviene recordar una verdad histórica que muchos prefieren olvidar. China fue, durante siglos, el gran proveedor del mundo. Su seda, su porcelana, su tecnología y sus productos circularon por rutas comerciales que conectaron continentes mucho antes de que Europa dominara los mares. El ascenso actual de China no es una invasión inédita. Es, en gran medida, un regreso. Un retorno a un lugar que ya ocupó durante largos períodos de la historia humana.

Por eso resultan tan débiles las teorías de conspiración que atribuyen a Pekín intenciones de socavar gobiernos o de controlar América Latina desde las sombras. China no necesita hacer lo que Estados Unidos, Francia o Gran Bretaña hicieron en su momento. No necesita conspirar. Le basta con ofrecer lo que otros dejaron de ofrecer: comercio estable, inversión a largo plazo y ausencia de injerencia política.

Pelegrín Castillo se equivoca al aplicar el mismo molde imperial —heredero del Destino Manifiesto— a un actor que opera con otra lógica. El problema no es que China avance. El problema es que algunos todavía solo saben interpretar el mundo a través del miedo, de la misión divina autoproclamada y de los métodos del pasado.

China no necesita socavar a nadie.
Comercia.
Y eso, para muchos, parece ser lo más peligroso de todo.

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