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De yihadista a “socio”, los Colmos de la Hipocresía Occidental

El Peligroso Regreso de los Viejos Fantasmas: Mohammad Qanatri y la Normalización con Siria

Mohammad Qanatri (también escrito Kanatri o Qanatari) es el actual encargado de negocios (chargé d’affaires) de Siria en Washington, un cargo que funciona como embajador de facto desde inicios de 2026. Su nombramiento marca un hito en la reinserción internacional del nuevo gobierno sirio tras la caída de Bashar al-Assad. Sin embargo, su pasado genera serias preguntas sobre coherencia política y riesgos de seguridad.

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¿Quién es Mohammad Qanatri?

Según múltiples fuentes, incluyendo testimonios directos y material audiovisual de 2016, Qanatri militó en las filas de Jabhat al-Nusra, la filial oficial de Al Qaeda en Siria. En videos de esa época aparece enmascarado frente a la bandera de Al-Nusra, defendiendo públicamente el establecimiento de un régimen salafista basado en la sharia y explicando las diferencias ideológicas con ISIS, pero compartiendo el mismo objetivo jihadista global.

Periodistas como la estadounidense Lindsey Snell lo han identificado como uno de los miembros del grupo que participó en su secuestro en 2016 en zonas controladas por la oposición en el norte de Siria. Snell documentó su voz, ojos y rasgos físicos, confirmando su identidad años después.

Hoy, ese mismo hombre representa diplomáticamente al gobierno sirio en la capital de Estados Unidos. El Departamento de Estado estadounidense ya lo ha recibido en reuniones oficiales, marcando el primer contacto de este nivel desde 2014.

El patrón recurrente: De yihadista a “socio”

Este caso no es aislado. La historia reciente de Siria e Irak muestra un patrón preocupante:

  • Grupos como Al Qaeda y sus ramificaciones (Nusra, posteriormente HTS) fueron instrumentos útiles en la desestabilización de regímenes considerados enemigos por Occidente.
  • Una vez cumplida parte de su función (debilitar a Assad, por ejemplo), algunos de sus miembros son “reciclados” políticamente.
  • En África, organizaciones como Boko Haram y filiales de ISIS continúan operando con patrones similares de violencia extrema, afectando principalmente a poblaciones musulmanas locales.

El saldo humano es devastador: más del 90% de las víctimas de Al Qaeda, ISIS y sus derivados en las últimas dos décadas han sido musulmanes (civiles en Siria, Irak, Afganistán, Nigeria, Somalia, etc.). Estos grupos no solo han destruido sociedades musulmanas, sino que han servido —consciente o inconscientemente— como pretexto para intervenciones, ocupaciones y control de recursos por parte de potencias externas.

El riesgo real para Europa y Occidente

Cuando ocurran nuevos atentados yihadistas en Europa —como ha sucedido repetidamente—, será necesario recordar este tipo de “normalizaciones”. Rehabilitar figuras con pasado en organizaciones terroristas no elimina el riesgo; lo institucionaliza. Europa, que ha sufrido directamente el terrorismo salafista, debería cuestionar con qué tipo de actores está dispuesta a negociar.

Estados Unidos y algunos aliados parecen priorizar el pragmatismo geopolítico: un Siria “controlada” por HTS es preferible a un vacío de poder o a un regreso de Assad. Pero este pragmatismo tiene costos: legitima trayectorias extremistas y crea precedentes peligrosos.

Conclusión: Realpolitik vs. Principios

El nombramiento de Mohammad Qanatri simboliza la nueva realpolitik en Oriente Medio. Lo que ayer era un “terrorista” combatiente de Al Qaeda, hoy es un diplomático recibido en Washington. Este reciclaje de cuadros yihadistas no es nuevo, pero sigue siendo moralmente cuestionable y estratégicamente arriesgado.

Mientras tanto, las verdaderas víctimas —los pueblos musulmanes que más han sufrido el terrorismo salafista— observan con escepticismo cómo sus verdugos de ayer se convierten en interlocutores de hoy. La estabilidad real en Siria y la región no vendrá de blanquear pasados oscuros, sino de construir instituciones inclusivas, transparentes y alejadas del extremismo violento.

El caso Qanatri no es solo una anécdota diplomática. Es un recordatorio de cómo el imperialismo y sus instrumentos locales reciclan herramientas cuando ya no les son útiles en el campo de batalla, pero sí en las mesas de negociación.

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