La reciente renovación de autoridades del Partido Revolucionario Moderno (PRM), concretada el 9 de agosto de 2026 mediante una plancha de consenso, no solo reorganizó cargos. Puso en evidencia un esquema clásico de la política dominicana: el de los proxies. Figuras que ocupan posiciones formales de alta visibilidad, pero cuyo verdadero peso responde a liderazgos que operan desde atrás o desde otras instancias de poder.
Tres nombres ilustran con claridad este mecanismo: Juan Garrigó Mejía, Gloria Reyes y Deligne Ascención. Los tres asumen roles clave en la nueva estructura partidaria. Y, según el reparto de fuerzas interno que precedió al consenso, ninguno de esos cargos es plenamente “suyo” en términos de autonomía decisoria.

Juan Garrigó Mejía: la cara de Hipólito Mejía
Juan de Jesús Garrigó Mejía, economista y politólogo de 31 años, fue electo secretario general del PRM en sustitución de su madre, Carolina Mejía. Es nieto del expresidente Hipólito Mejía. Su trayectoria incluye roles técnicos y de coordinación partidaria, pero su llegada a la Secretaría General se produjo en el marco del espacio que, según reportes previos al consenso, correspondía al sector liderado por su abuelo.
En la política, la Secretaría General no es un cargo ceremonial: concentra la conducción operativa del partido, la relación con las estructuras territoriales y buena parte de la maquinaria cotidiana. Que un joven con el apellido Mejía-Garrigó ocupe esa posición, justo cuando Hipólito Mejía ha defendido públicamente su designación y ha subrayado que “el respeto no se hereda, se suda”, no elimina la lectura estructural. Garrigó representa la continuidad y la proyección del sector hipolista dentro del PRM. Es, en la práctica, la cara visible de un poder que se ejerce de manera indirecta: el de Hipólito Mejía y su corriente.
Gloria Reyes: la cara de la alianza Yayo-Collado
Gloria Reyes, actual ministra de la Mujer y con una trayectoria previa al frente de programas sociales (Prosoli/Supérate), fue electa secretaria nacional de Organización. Ese cargo es estratégico: organiza, moviliza y estructura la base partidaria.
Las informaciones que circularon antes de la Convención apuntaban a que la Secretaría de Organización recaería en el espacio de la alianza política entre David Collado y Eduardo Sanz Lovatón (“Yayo”). Gloria Reyes emerge, en ese contexto, como la figura que canaliza esa corriente.
No se trata de restarle méritos personales ni de ignorar su propio capital político. Se trata de reconocer el esquema de equilibrios: cuando un cargo de alta sensibilidad organizativa se asigna a alguien identificado con un bloque específico, esa persona opera, en buena medida, como proxy de los liderazgos que negociaron ese espacio. En este caso, de Yayo Sanz Lovatón y David Collado. La presencia de Gloria Reyes en Organización es la expresión pública de un acuerdo de poder que no se reduce a su persona.
Deligne Ascención: la cara operativa de Luis Abinader
Deligne Ascención, exministro de Obras Públicas y hasta ahora secretario nacional de Organización, fue electo primer vicepresidente ejecutivo. Luis Abinader asumió la presidencia del partido, pero, al permanecer al frente del Poder Ejecutivo hasta 2028, se prevé que tome licencia del cargo partidario. En ese escenario, Ascención asume funciones ejecutivas de apoyo y, en la práctica, de conducción cotidiana del partido en nombre del presidente.
Ascención ha sido, durante años, una de las figuras más cercanas y leales al proyecto de Abinader dentro del PRM. Su nuevo rol consolida esa relación: no es un liderazgo autónomo que compite, sino el operador de confianza que garantiza que la estructura partidaria responda a la línea del presidente de la República. Es el proxy institucional de Luis Abinader dentro del partido.
Proxies y poder indirecto
Estos tres casos no son accidentes ni meras coincidencias de nombres. Son el resultado de un consenso que buscó preservar el equilibrio entre las principales corrientes del PRM: el sector de Hipólito Mejía, la alianza Collado-Sanz Lovatón y el liderazgo de Abinader.
En política, un proxy no es necesariamente un peón sin voluntad propia. Puede tener preparación, trayectoria y ambiciones. Pero el cargo que ocupa no le pertenece en plenitud decisoria. Las decisiones de fondo —alianzas, candidaturas, recursos, líneas estratégicas— tienden a resolverse en los círculos de quienes realmente concentran el poder: Hipólito Mejía, David Collado y Yayo Sanz Lovatón, y Luis Abinader.
La presencia de Garrigó, Gloria Reyes y Deligne Ascención en la cúpula del PRM es, por tanto, una muestra clara de poderes indirectos. Son las caras visibles de un esquema en el que los verdaderos centros de decisión permanecen, en buena medida, fuera de los organigramas formales. En la política dominicana contemporánea, los proxies no son la excepción: son, cada vez más, la regla.
Elaborado sobre idea original y revisado por Fernando Buitrago



















