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República Dominicana: atrapada en el eterno ciclo electoral

República Dominicana parece condenada a vivir en un permanente modo electoral. No termina un proceso de votación cuando ya comienza el siguiente. Entre precandidaturas, aspirantes, encuestas, alianzas y especulaciones, el país dedica una enorme parte de su energía, tiempo y atención pública a la política electoral.

Desde las elecciones presidenciales y congresuales, pasando por las municipales, hasta las próximas internas de los partidos, el calendario político nunca descansa. Apenas se apagan las luces de una campaña, ya se encienden las de la siguiente. Este ciclo interminable se ha convertido en una especie de distracción nacional.

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El problema es que ese tiempo no es gratis. Cada día, semana y mes invertido en candidaturas, peleas internas, pactos y chismes electorales es tiempo que se resta al estudio, a la innovación, a la solución real de los problemas estructurales del país. Mientras los reflectores están puestos en quién será candidato, quién se alía con quién o quién “mide” mejor en las encuestas, temas como la calidad educativa, la salud, la seguridad ciudadana, la productividad económica y el desarrollo humano quedan relegados a un segundo plano.

*La democracia no es solo votar*

Esta realidad plantea una pregunta incómoda: ¿estamos confundiendo democracia con electoralismo permanente?

La verdadera democracia no se reduce al acto de depositar un voto cada cierto tiempo. Democracia es poder del pueblo, es capacidad real de la ciudadanía para incidir en las decisiones que afectan su vida diaria. Un pueblo que dedica la mitad de su tiempo y energía a temas electorales y aspiraciones personales de candidatos, está retrasando su propio desarrollo.

Los medios de comunicación juegan un papel central en este fenómeno. Gran parte de la prensa y los espacios de opinión se convierten en escenarios permanentes de análisis electoral, encuestas y confrontaciones políticas. Pareciera existir un complot no declarado —entre partidos, medios y ciertos sectores de poder— para que el país crea que la democracia se resume a votos, partidos, candidaturas y obras de infraestructura.

Así, los gobiernos terminan siendo evaluados casi exclusivamente por cuántos kilómetros de carretera construyeron, puentes inaugurados o edificios levantados, mientras se prestan menos atención a indicadores mucho más importantes: calidad educativa, formación ciudadana, salud mental, reducción de la desigualdad, acceso a oportunidades reales y desarrollo integral del ser humano.

República Dominicana necesita urgentemente salir de este loop electoral infinito. Es necesario pasar de una cultura política centrada en el poder por el poder, a una cultura de resultados medibles en el bienestar real de la gente.

Porque un país que vive permanentemente en campaña electoral es un país que posterga su propio futuro.

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