
América Latina vive un momento de alta tensión política en 2026. Varios gobiernos de orientación derechista o conservadora, considerados cercanos a Donald Trump y alineados con una interpretación moderna de la Doctrina Monroe (a menudo llamada irónicamente “DONROE” en círculos críticos), enfrentan fuertes cuestionamientos por corrupción, represión y políticas económicas controvertidas. Esta doctrina, históricamente usada para afirmar la influencia estadounidense en el hemisferio, es criticada por opositores como un marco que convierte a los “aliados” en lacayos subordinados a intereses geopolíticos y económicos de Washington.
Argentina: Milei, entre promesas de honestidad y escándalos
Javier Milei, uno de los presidentes más alineados públicamente con Trump, llegó al poder prometiendo acabar con la “casta” corrupta. En 2026, su administración está rodeada de sospechas de corrupción (caso ANDIS con presuntas coimas involucrando a Karina Milei, escándalos con criptomonedas y enriquecimiento de funcionarios cercanos). Al mismo tiempo, se reportan episodios de represión en protestas contra reformas laborales.

Chile: El difícil estreno de Kast
José Antonio Kast, otro líder de la derecha dura y afín a las ideas trumpistas, asumió en marzo de 2026 y rápidamente implementó recortes drásticos de gasto público. Su gobierno se estrenó con huelgas estudiantiles masivas y tensiones con comunidades mapuches, enfrentando la primera gran marcha nacional a los tres meses de gestión, con represión policial incluida.
Ecuador: Mano dura, apagones y acusaciones graves
Daniel Noboa ha profundizado una política de seguridad de estilo Bukele-Trump, con militarización y “conflicto armado interno”. A pesar de ello, el país sufre apagones recurrentes, niveles récord de violencia y denuncias de represión desmedida contra protestas sociales e indígenas. Organizaciones lo acusan de actuar como “narco presidente” mientras persigue opositores.
Bolivia: Desestabilización y controversia por los recursos
En Bolivia, el gobierno de Rodrigo Paz Pereira —en un giro post-MAS hacia posiciones más cercanas a los intereses occidentales— enfrenta fuertes protestas y acusaciones de desestabilización. Críticos lo señalan por promover leyes que facilitarían la entrega de recursos naturales (litio, minerales e hidrocarburos) a empresas transnacionales, en línea con una visión aperturista elogiada desde Washington.
El factor común: Aliados de Trump y la Doctrina Monroe
Estos cuatro gobiernos comparten una cercanía explícita o pragmática con Donald Trump y una visión favorable a la influencia estadounidense en la región. Para sus defensores, esta alineación trae oportunidades de inversión y apoyo en seguridad. Para sus críticos, representa la actualización de la Doctrina Monroe: países tratados como lacayos que aplican políticas de ajuste, mano dura y apertura de recursos naturales, a cambio de respaldo político y económico de Estados Unidos, mientras enfrentan crisis internas, protestas y cuestionamientos democráticos.
La polarización es extrema. Mientras estos mandatarios prometen orden y crecimiento bajo el paraguas de la influencia trumpista, crecen las movilizaciones sociales, las denuncias de represión y los escándalos de corrupción. América Latina vuelve a mostrar cómo la dependencia externa y los modelos económicos confrontados generan inestabilidad crónica.
La transparencia institucional, el respeto a los derechos humanos y una soberanía real siguen siendo los grandes pendientes de la región, más allá de alineaciones ideológicas.

















