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Derecha continental desnudada: Fernando Cerimedo es el punto de partida concreto.

El consultor argentino, a quien The Economist llamó “el hombre MAGA en Latinoamérica”, terminó detenido en Bolivia acusado de tentativa de feminicidio y enriquecimiento ilícito. Su expareja, Nadia Beller, lo señaló como autor intelectual de un ataque a balazos y denunció que lo había visto manejar grandes sumas de dinero vinculadas a presuntos negociados con gobiernos de derecha (Rodrigo Paz en Bolivia y menciones al entorno de Milei). Cerimedo no era un marginal: fue estratega digital de la campaña de Javier Milei, colaborador de Jair Bolsonaro, asesor del presidente boliviano y operador en campañas chilenas del Rechazo y cercanas a José Antonio Kast. Su caída expone de golpe la distancia entre el discurso de “valores”, “familia” y “orden” que vende esa red y la realidad de violencia de género y corrupción que se le atribuye.

Puntos Vida

Ese mismo espacio ideológico tiene en Agustín Laje a uno de sus principales impulsores intelectuales. Laje no es un operador de campaña como Cerimedo; es el ideólogo que sistematiza y legitima la “batalla cultural”. A través de libros, conferencias y redes, presenta a la derecha como el bando de la moral tradicional, la defensa de la familia, la protección de las mujeres y los niños frente a la “ideología de género”, y la superioridad ética frente a una izquierda que describe como decadente y corrupta. El problema es que la corriente que Laje impulsa y legitima está repleta de figuras cuestionadas moral y éticamente. Cerimedo es el ejemplo más reciente y cercano: un hombre que ayudó a construir el aparato comunicacional de esa derecha y ahora enfrenta acusaciones graves de intento de asesinato de una mujer y de enriquecimiento ilícito. La ideología que Laje promueve necesita operadores como Cerimedo para ganar elecciones y construir poder. Cuando esos operadores caen por los mismos vicios que la ideología dice combatir, el relato de superioridad moral se agrieta.

La línea asciende hasta la cúspide. Donald Trump es el líder indiscutido del movimiento MAGA y el referente principal de la ultraderecha continental. Cerimedo se presentaba como parte de esa red, Laje opera dentro del mismo marco cultural-trumpista, y los gobiernos y candidatos de la “nueva derecha” latinoamericana (Milei, Kast, Paz, el bolsonarismo) se miran en el espejo de Trump. Sin embargo, Trump arrastra un historial que contradice frontalmente el discurso de pureza moral que su movimiento y sus ideólogos exportan:

  • Un jurado civil lo encontró responsable de abuso sexual contra E. Jean Carroll (veredicto de 2023 confirmado en todas las instancias, incluida la Corte Suprema en 2026).
  • Mantuvo una relación social documentada con Jeffrey Epstein durante años: vuelos compartidos, fotografías, declaraciones públicas de Trump sobre que Epstein “le gustan las mujeres… muchas de ellas del lado más joven”. Los documentos liberados de Epstein lo mencionan miles de veces; existen alegaciones no corroboradas de víctimas que lo vinculan al círculo de Epstein. Trump niega cualquier conocimiento de los delitos y cualquier participación criminal.
  • Alrededor de él se agrupan figuras del establishment republicano que también aparecen en esos mismos círculos de poder y privilegio.

Dentro de ese mismo núcleo se ubica Marco Rubio. Como figura clave del trumpismo (vicepresidente o alto referente del movimiento en 2026), Rubio representa la institucionalización de esa ultraderecha. Su presencia en la cúspide del poder MAGA no borra el historial de cuestionamientos éticos y morales que rodea al líder del movimiento ni a los operadores regionales que se inspiran en él. Al contrario: refuerza la idea de que la red está consolidada y que las contradicciones morales no son accidentales, sino parte del mismo entramado de poder.

El recorrido es claro:
Cerimedo (el operador concreto acusado de feminicidio y corrupción) → Laje (el ideólogo que legitima y difunde una cosmovisión de superioridad moral) → Trump (el líder de MAGA y de la ultraderecha continental, con su historial de abuso sexual civilmente probado y vínculos con Epstein) y Rubio (pieza central de esa misma estructura de poder).

La ideología que se presenta como defensora de la familia, la moral y los valores termina sostenida por figuras reiteradamente cuestionadas en el terreno sexual, de la violencia de género y de las redes de poder opacas. Ese es el punto débil estructural de la “batalla cultural” que intentan imponer.