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Elizabeth Mateo no es decoración. Es pieza de poder.

Abogada Magna Cum Laude, formada en Georgetown, Harvard y Francia. Activista de “Toy Jarto” y defensora del 4 % para la educación. Casi ocho años al frente de la Secretaría Nacional de Comunicaciones del PRM y, actualmente, Secretaria General de la Alcaldía del Distrito Nacional. Eso no se improvisa: se construye con disciplina, lealtad y resultados.

Puntos Vida

Mientras otros hablan de unidad en público y apuñalan en privado, ella ha mantenido una línea clara: respaldo firme al gobierno de Abinader y alineación total con el sector de los Mejía. No ha vacilado. No ha jugado a dos bandas. En un partido como el PRM, eso es una rareza… y también un riesgo.

Pero no todo es mérito.

Su larga permanencia en el cargo ha generado fricciones reales y críticas internas que no se pueden ignorar. Dirigentes y comunicadores del propio partido —entre ellos Francisco Paniagua— han señalado públicamente una gestión demasiado centralizada. Acusan que la Secretaría de Comunicaciones funciona como un círculo cerrado, con poca apertura real a las estructuras provinciales y municipales. Las bases territoriales se quejan de que no tienen voz ni participación efectiva en la estrategia comunicacional del partido.

Ese reclamo existe. Sea legítimo o no, está sobre la mesa y hoy se usa con fuerza, impulsado por ambiciones internas de otros grupos.

Porque la verdad es más cruda: Elizabeth Mateo está en el medio de la guerra por 2028. Su cargo es estratégico. Controlar Comunicaciones es controlar el relato, el micrófono y la proyección de las figuras del partido. Por eso la atacan. Por eso amplifican cualquier diferencia de estilo y la convierten en “campaña de descrédito”. Los Mejía lo saben y han cerrado filas. Sus críticos también lo saben y empujan para desplazarla.

Ella acumula trayectoria, formación y una lealtad que muchos solo simulan. Pero también acumula el desgaste natural de quien lleva demasiado tiempo en el mismo puesto y la percepción de una gestión vertical que deja fuera a parte del partido.

En política, la lealtad se respeta… hasta que se vuelve obstáculo. Y ahora mismo, para algunos, Elizabeth Mateo es exactamente eso.