INABIE: cuando fiscalizar la ejecución no es un error, sino la única forma de no comerse un gato por liebre

Hay una crítica fácil y ruidosa contra el Instituto Nacional de Bienestar Estudiantil (INABIE): “¿Cómo es posible que después de adjudicar las licitaciones vayan a revisar, si ya se firmó el contrato?”. Esa crítica es superficial. Revela una incapacidad para entender cómo funcionan realmente las compras públicas.
Una licitación, por más transparente que se intente, se basa en documentos, propuestas y promesas. El proveedor puede presentar especificaciones impecables y muestras perfectas. El papel aguanta todo. El problema aparece después, cuando llega el producto real a las escuelas. Eso se llama darte gato por liebre. Por eso los sistemas serios no terminan con la adjudicación: terminan con la fiscalización de la ejecución.
INABIE actuó correctamente al ir a verificar después de adjudicar. Detectó cocinas desmanteladas o inexistentes, diferencias entre la capacidad declarada y la real, incumplimientos de Buenas Prácticas de Manufactura y deficiencias sanitarias. Suspendió a 14 proveedores del desayuno y almuerzo escolar. Eso no es un error: es proteger a los estudiantes y el dinero público. La institución acepta las críticas legítimas, y eso es positivo.
Sin embargo, defender esta acción concreta no implica negar que INABIE arrastra problemas serios y documentados. Aquí van tres críticas fundamentadas:
1. Irregularidades recurrentes en las licitaciones mismas
No es solo un caso aislado. Desde 2021, múltiples procesos de INABIE (almuerzo escolar, zapatos, mochilas, kits y uniformes) han sido cuestionados por la Dirección General de Contrataciones Públicas (DGCP), la Unidad Antifraude de la Contraloría y la Cámara de Cuentas. Se han anulado decenas de adjudicaciones por documentación incompleta o falsa, evaluaciones técnicas deficientes, peritos no designados formalmente, indicios de colusión entre oferentes y conflictos de interés. Procesos que involucran miles de millones de pesos han terminado remitidos a la PEPCA. Cuando la propia entidad reguladora de las compras públicas anula contratos y ordena reevaluaciones, el problema no es solo de “algunos proveedores”: hay fallas estructurales en cómo se diseñan y ejecutan las licitaciones.
2. El control previo ha sido insuficiente (y a veces fallido)
Si las inspecciones iniciales hubieran sido realmente rigurosas y con controles fuertes (videos obligatorios, peritos independientes, verificación real de capacidad instalada), no se habría llegado a encontrar tantas “cocinas fantasma” o instalaciones que no existen en la dirección declarada. La Cámara de Cuentas ya había señalado en auditorías anteriores adjudicaciones millonarias a proveedores sin capacidad técnica acreditada. Que ahora se descubran irregularidades en la etapa de ejecución demuestra que el filtro inicial no siempre funcionó como debía. Fiscalizar después es necesario, pero no sustituye un proceso de selección sólido desde el principio.
3. Impacto directo en los estudiantes y pérdida de confianza pública
Cuando hay incidentes de estudiantes con malestares gastrointestinales (como el caso reciente en Santiago vinculado a la leche del desayuno) o cuando se suspenden proveedores de golpe, se genera incertidumbre en el suministro. Además, el patrón de denuncias, anulaciones y procesos enviados al Ministerio Público erosiona la confianza en la institución. INABIE maneja uno de los programas sociales más sensibles del país: la alimentación de más de dos millones de estudiantes. Cada irregularidad, real o percibida, tiene un costo político y social alto.
INABIE: cuando fiscalizar la ejecución no es un error, sino la única forma de no comerse un gato por liebre
Hay una crítica fácil y ruidosa que circula contra el Instituto Nacional de Bienestar Estudiantil (INABIE): “¿Cómo es posible que después de adjudicar las licitaciones vayan a revisar, a pesar de que ya se firmó el contrato?”. Esa crítica no solo es superficial; revela una profunda incapacidad para entender cómo funcionan realmente las compras públicas en la práctica, no en el papel.
Las licitaciones se pueden hacer bien… y aun así engañarte
Una licitación pública, por más transparente, competitiva y técnicamente correcta que sea, no es una garantía absoluta de calidad. Es un proceso de selección basado en documentos, propuestas, muestras y promesas. El proveedor puede presentar especificaciones impecables, certificaciones, fotos y muestras perfectas. El papel aguanta todo. El problema aparece después, cuando llega el producto real a las escuelas: el arroz, la leche, el pan, los útiles o el equipo que no cumple lo ofertado.
Eso se llama, en buen dominicano, darte gato por liebre. Y ocurre en casi todos los países del mundo. Por eso los sistemas de compras públicas serios no terminan con la adjudicación. Terminan con la fiscalización de la ejecución.
INABIE hizo exactamente lo que debía hacer:
- Licitó correctamente. Publicó, recibió ofertas, evaluó y adjudicó según las reglas.
- No se quedó dormido en los laureles. Fue a verificar en la etapa de ejecución si lo entregado coincidía con lo ofertado.
- Detectó y enfrentó las desviaciones cuando las hubo.
Eso no es incapacidad. Es responsabilidad. Es proteger el dinero de los dominicanos y la alimentación de cientos de miles de estudiantes.
La crítica que no entiende el proceso
Quienes atacan a INABIE por fiscalizar después de adjudicar parecen creer que una vez firmado el contrato ya no se puede tocar nada. Esa visión es ingenua o interesada. En la administración pública moderna, la supervisión de la ejecución es una obligación, no una opción. Si no se fiscaliza, el Estado se convierte en un cliente fácil de estafar.
Criticar al que verifica es como criticar al que revisa la factura después de que le entregaron la mercancía. Es absurdo. Es como decirle al dueño de un negocio: “¿Cómo se te ocurre revisar si te dieron lo que pediste? ¡Ya firmaste el pedido!”.
La verdadera incapacidad está en quienes no distinguen entre:
- Hacer bien una licitación (proceso de selección).
- Fiscalizar la ejecución (control de calidad y cumplimiento real).
Ambas cosas son necesarias. Una sin la otra es incompleta.
INABIE acepta las críticas… pero las serias
El Instituto ha dicho públicamente que acepta las críticas. Y está bien. La crítica legítima fortalece las instituciones. Pero hay una diferencia enorme entre:
- Criticar errores reales de proceso, demoras injustificadas o falta de transparencia.
- Criticar precisamente lo que se debe hacer: verificar que no te den gato por liebre.
La segunda no es crítica; es ruido. O, peor, es defensa indirecta de quienes prefieren que nadie revise lo que realmente llega a las escuelas.
Conclusión
INABIE no es perfecta. Ninguna institución pública lo es. Pero en este punto concreto —haber licitado y luego fiscalizado la ejecución— actuó como debe actuar un organismo responsable. Quienes lo critican por eso revelan, más que una preocupación por la transparencia, una incapacidad para entender cómo se protege realmente el interés público.
Porque en las licitaciones se puede engañar.
Y el único antídoto es ir a ver, con ojos abiertos, qué llegó realmente.
















