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República Dominicana ante una nueva amenaza electoral: ¿estamos preparados para las guerras digitales?

Una llamada de atención frente a las granjas de bots, la desinformación y las campañas de manipulación que ya recorren América Latina

Puntos Vida

Texto revisado y responsabilidad de Fernando Buitrago

República Dominicana se aproxima a un nuevo proceso electoral en un escenario político y tecnológico muy diferente al de elecciones anteriores.

Las redes sociales dejaron de ser simplemente espacios para hacer campaña. Hoy pueden convertirse en auténticos campos de batalla donde una mentira repetida miles de veces puede adquirir apariencia de verdad, donde una encuesta manipulada puede instalarse como percepción pública y donde una campaña de ataques personales puede destruir en cuestión de horas la reputación de un candidato, periodista, empresario o dirigente político.

Por eso resulta necesario mirar hacia América Latina y preguntarnos, antes de que comience la próxima gran batalla electoral dominicana:

¿Está el país preparado para detectar y enfrentar operaciones digitales coordinadas capaces de alterar la conversación pública?

El caso de La Derecha Diario y Fernando Cerimedo

En las últimas semanas, el nombre del argentino Fernando Cerimedo volvió a ocupar titulares en varios países de la región.

Cerimedo, fundador de La Derecha Diario y vinculado anteriormente a campañas políticas de Javier Milei en Argentina y Rodrigo Paz en Bolivia, fue detenido en Bolivia después del ataque armado contra su expareja Nadia Beller. Posteriormente, un tribunal boliviano ordenó su prisión preventiva por 180 días dentro de una investigación por presunta tentativa de feminicidio. Es fundamental subrayar que se trata de un proceso penal abierto y que las acusaciones deben ser resueltas por la justicia. (El País)

Pero el interés público del caso trasciende ese expediente personal.

Cerimedo aparece desde hace años asociado a una discusión mucho más amplia: el uso de herramientas digitales para intervenir en campañas políticas y moldear artificialmente la conversación pública.

Una investigación de Chequeado documentó que La Derecha Diario difundió durante 2022 y 2023 contenidos que fueron considerados desinformantes, incluyendo narrativas sobre el atentado contra Cristina Fernández de Kirchner, supuesto fraude electoral en Brasil y contenidos manipulados mediante videos editados. La misma investigación señala que Cerimedo reconoció el uso de estrategias de “campaña negativa” y granjas de trolls, aunque minimizó las publicaciones consideradas desinformantes.

No estamos, por tanto, ante una discusión puramente ideológica.
Estamos ante una pregunta democrática:

¿Hasta dónde puede llegar una maquinaria digital organizada cuando se introduce en un proceso electoral?

México ya lanzó la advertencia

La presidenta mexicana Claudia Sheinbaum ha acusado públicamente a La Derecha Diario de utilizar redes de bots para potenciar determinados contenidos y crear la apariencia de que existe una opinión pública mucho más grande de la que realmente existe.

En una conferencia oficial del 19 de agosto, Sheinbaum afirmó que el mecanismo consistiría en utilizar cuentas y robots pagados para multiplicar publicaciones y hacer que determinadas narrativas parezcan espontáneamente populares. (Gobierno de México)

También recordó que su gobierno había señalado anteriormente la existencia de operaciones similares alrededor de determinadas movilizaciones políticas.

Estas afirmaciones son acusaciones políticas y no equivalen por sí mismas a una sentencia judicial. Pero tienen suficiente relevancia como para que periodistas, investigadores, organismos electorales y autoridades democráticas se pregunten qué mecanismos existen para detectar este tipo de operaciones.

Y México no es el único país donde el fenómeno está siendo discutido.

En Chile, por ejemplo, la desaparición o reducción de actividad de determinadas cuentas después de la detención de Cerimedo generó nuevas denuncias políticas sobre posibles operaciones de troleo y manipulación digital. (El País)

En Brasil, una investigación publicada esta semana identificó una campaña de desinformación vinculada a redes relacionadas con Cerimedo, que habría utilizado datos reales sacados de contexto para construir una narrativa falsa sobre una supuesta “invasión” de inmigrantes marroquíes. La campaña llegó a generar cientos de miles de visualizaciones. (Folha de S.Paulo)

El patrón que debe preocuparnos no es la ideología de quienes participan.
Es la metodología.

El verdadero peligro: fabricar una realidad

Una democracia puede sobrevivir a una opinión política fuerte.

Puede sobrevivir a un periódico de derecha, de izquierda, liberal, conservador o progresista.

Lo que resulta mucho más peligroso es que una estructura organizada pueda fabricar artificialmente la percepción de que millones de personas piensan algo cuando en realidad esa supuesta mayoría no existe.

Imaginemos el escenario dominicano.

  • Una cuenta publica una acusación contra un candidato.
  • Luego cientos o miles de cuentas comienzan a repetirla.
  • Después aparecen videos.
  • Luego aparecen supuestas encuestas.
  • Después influencers comentan el tema.
  • Más tarde algunos medios reproducen la tendencia porque “está explotando en las redes”.
  • Finalmente, el ciudadano común observa aquello y concluye:
  • “Todo el mundo está hablando de esto. Entonces debe ser verdad.”
  • Pero quizá nunca existió ese “todo el mundo”.
  • Quizá fueron unas pocas cuentas coordinadas.
  • Quizá hubo dinero detrás.
  • Quizá existió automatización.
  • Quizá se utilizaron herramientas de inteligencia artificial para producir cientos de contenidos.
  • Y quizá la operación fue diseñada precisamente para conseguir que los medios tradicionales terminaran reproduciéndola.

Ese es el verdadero poder de una operación de manipulación digital: no necesariamente convencer a todos, sino conseguir que todos crean que los demás ya están convencidos. República Dominicana no puede esperar a que ocurra

Aquí aparece la responsabilidad de nuestras instituciones.

Hasta el momento, no existen públicamente investigaciones judiciales ni condenas en República Dominicana que hayan establecido que La Derecha Diario, Fernando Cerimedo o sus operadores hayan alterado elecciones dominicanas, manipulado encuestas locales o ejecutado campañas ilegales contra ciudadanos dominicanos.

Y esa precisión es fundamental.

No se debe convertir la existencia de denuncias en otros países en una acusación automática contra personas o estructuras que operen en República Dominicana.

El Estado de derecho exige pruebas, pero precisamente por eso hay que actuar antes, no después.

La República Dominicana debería preguntarse si cuenta con suficientes capacidades para detectar:

  • redes coordinadas de bots;
  • cuentas falsas utilizadas masivamente durante campañas;
  • compra de interacción política;
  • campañas de desinformación organizadas;
  • manipulación artificial de tendencias;
  • financiamiento extranjero de propaganda política digital;
  • publicidad política no declarada;
  • encuestas falsas utilizadas como instrumentos de propaganda;
  • utilización de inteligencia artificial para fabricar contenidos políticos;
  • campañas coordinadas de difamación;
  • operaciones destinadas a destruir reputaciones mediante información falsa.

No se trata de perseguir opiniones, sino de seguir el dinero, las cuentas, las conexiones, los patrones técnicos y las evidencias. El peligro no pertenece a una sola ideología.

Hay otro principio que debe quedar absolutamente claro: Si mañana una estructura de izquierda, derecha, centro, oficialista, opositora, extranjera o nacional utiliza bots para manipular artificialmente la conversación electoral, el mismo estándar debe aplicarse.

La democracia no puede protegerse persiguiendo solamente a quienes piensan diferente.
La democracia se protege investigando conductas ilícitas independientemente de quién las ejecute.

Por eso, si mañana aparecieran evidencias de que una estructura vinculada a La Derecha Diario está operando ilegalmente en República Dominicana, las autoridades deberían investigarlo.

Pero exactamente lo mismo debería ocurrir si la estructura se llamara de cualquier otra manera.

El desafío para la Junta Central Electoral

La Junta Central Electoral enfrenta aquí un desafío que va mucho más allá de contar votos.

El proceso electoral moderno comienza mucho antes de que se abra una urna.

Comienza en Facebook.

  • En TikTok.
  • En X.
  • En YouTube.
  • En WhatsApp.
  • En Telegram.
  • En grupos privados.
  • En páginas aparentemente periodísticas.
  • En influencers.
  • En cuentas anónimas.
  • Y cada vez más, en contenidos generados mediante inteligencia artificial.
  • Una elección puede ser legalmente impecable el día de la votación y, sin embargo, haber sido profundamente contaminada durante los meses anteriores por una operación sistemática de manipulación de la opinión pública.

Por eso la integridad electoral del siglo XXI no puede limitarse a custodiar las urnas.

También hay que custodiar el ecosistema informativo en el que el ciudadano toma sus decisiones.

¿Qué debería hacerse?

No hace falta crear una policía de internet ni otorgar poderes extraordinarios al Estado.

Hace falta inteligencia institucional, transparencia y cooperación.

La República Dominicana podría fortalecer mecanismos para:

  1. Monitorear redes coordinadas durante el período electoral.

No para censurar opiniones, sino para detectar patrones anómalos de automatización y coordinación.

  1. Investigar el financiamiento de propaganda política digital.

Especialmente cuando existan indicios de financiamiento extranjero o de estructuras que oculten al verdadero contratante.

  1. Crear protocolos de cooperación internacional.

Si existen evidencias de que una operación que comenzó en otro país se extendió hacia territorio dominicano, las autoridades deben poder solicitar asistencia técnica y judicial.

  1. Proteger las encuestas.

Una encuesta falsa puede convertirse en propaganda política disfrazada de información.

  1. Capacitar a periodistas.

Los medios de comunicación no deberían convertirse involuntariamente en amplificadores de campañas artificiales.

  1. Fortalecer la alfabetización digital de los ciudadanos.

El ciudadano debe aprender a preguntarse quién creó un contenido, quién lo financió, cuándo apareció, quiénes lo están compartiendo y por qué una determinada narrativa se volvió viral.

La pregunta incómoda:
La pregunta no es si La Derecha Diario tiene derecho a existir, por supuesto que sí.
Tampoco si Fernando Cerimedo o cualquier otro operador político tiene derecho a defender una determinada ideología.

La pregunta es otra:

¿Puede una estructura nacional o extranjera utilizar dinero, bots, inteligencia artificial, campañas coordinadas y desinformación para fabricar artificialmente una percepción electoral en República Dominicana?

Si la respuesta es sí, estamos ante un problema democrático, Y si no sabemos detectarlo, tenemos un problema todavía mayor.

Por eso este artículo no pretende pedir una persecución contra La Derecha Diario, ni contra sus periodistas, ni contra sus activistas.

Pretende algo mucho más sencillo:

  • que las instituciones dominicanas estén mirando.
  • Que observen.
  • Que investiguen cuando existan indicios.
  • Que auditen cuando aparezcan anomalías.
  • Que sigan el dinero.
  • Que analicen los patrones digitales.
  • Que cooperen internacionalmente cuando corresponda, y que lo hagan con la misma firmeza frente a cualquier actor político.
  • Porque una democracia madura no tiene miedo de investigar, pero tampoco tiene derecho a acusar sin pruebas.

La advertencia está sobre la mesa, América Latina está entrando en una nueva etapa de las guerras electorales.

Ya no se trata solamente de mítines, vallas, anuncios de televisión y discursos, Ahora se compite por el algoritmo.

En lucha por la tendencia, Se fabrican narrativas. Se multiplican mensajes. Se utilizan bots. Se explotan emociones. Se destruyen reputaciones.

Y la inteligencia artificial comienza a multiplicar exponencialmente la capacidad para producir contenidos falsos o manipulados.

República Dominicana todavía tiene tiempo para prepararse.

Lo peligroso sería esperar a que aparezca la primera gran operación de manipulación electoral para comenzar a preguntarnos qué está pasando.

La experiencia regional ofrece suficientes señales para abrir el debate.

  • No para perseguir a la derecha.
  • No para perseguir a la izquierda.
  • No para perseguir a periodistas.
  • No para perseguir activistas.

    Sino para proteger al ciudadano dominicano de cualquier maquinaria que pretenda sustituir su voluntad por una realidad digital fabricada.

La democracia dominicana merece que sus votos sean contados limpiamente, pero también merece que las decisiones que llevan al ciudadano hasta esa urna sean tomadas libremente, sin ejércitos digitales clandestinos fabricándole una realidad que nunca existió.

He mantenido deliberadamente la distinción entre acusaciones, investigaciones y hechos judicialmente establecidos. Eso hace que el artículo sea mucho más defendible periodísticamente y evita que la advertencia sobre República Dominicana se convierta, sin pruebas locales, en una acusación contra una organización concreta. Las denuncias regionales sí tienen sustento documental reciente, especialmente en Argentina, México, Chile y Brasil. (Chequeado)

Si quieres, también puedo convertir este artículo en una versión más contundente y periodística, estilo editorial de portada, con un título más impactante y un cierre dirigido específicamente a la JCE, los partidos políticos y los medios dominicanos.