Advertisement

El silencio miedoso de los NaZionalistas

¿Dónde están ahora los que gritan “patria” cuando el que dibuja a República Dominicana bajo la bandera de Estados Unidos es Donald Trump?

Hay silencios que dicen más que mil discursos.

Puntos Vida

Y el silencio que se ha producido ante la imagen publicada por Donald Trump, colocando a República Dominicana dentro de un mapa cubierto por la bandera de Estados Unidos, resulta particularmente incómodo para quienes han construido su discurso político alrededor de palabras como patria, soberanía, nacionalismo, independencia y defensa de la bandera.

Trump publicó en Truth Social un mapa en el que la bandera estadounidense cubre una enorme extensión de Norteamérica, Centroamérica y el Caribe, incluyendo República Dominicana y Haití, acompañado únicamente por la identificación “United States of America”. No explicó qué pretendía decir con la imagen. Y precisamente por eso, la reacción de quienes se proclaman defensores de la soberanía debería ser, como mínimo, una exigencia de respeto a la independencia de los países representados. (El Diario)

Pero aquí aparece la pregunta incómoda:

¿Dónde están los nacionalistas dominicanos?

¿Dónde están los que convierten cualquier discusión sobre Haití en una cruzada patriótica?

¿Dónde están los que aparecen con la bandera dominicana, la Constitución y hasta la Biblia en el medio del discurso?

¿Dónde están los que denuncian cualquier expresión que, según ellos, pueda poner en peligro la soberanía nacional?

¿Dónde están ahora?

Porque esta vez no estamos hablando de una haitiana entrando por Dajabón.

No estamos hablando de una bandera haitiana.

No estamos hablando de una disputa migratoria.

Estamos hablando de una representación publicada por el presidente de la principal potencia del continente en la que República Dominicana aparece visualmente absorbida por la bandera de Estados Unidos.

Y resulta curioso que muchos de los que se presentan como guardianes de la soberanía hayan escogido el silencio.

¿Nacionalismo selectivo?

Aquí está el verdadero problema.

No se trata de afirmar que Trump haya anunciado formalmente la anexión de República Dominicana. No lo ha hecho. La imagen, por sí sola, no constituye una reclamación territorial oficial ni modifica en absoluto la condición soberana de la República Dominicana. Incluso medios dominicanos han señalado que no existe evidencia de una política oficial estadounidense de anexión del país. (Ensegundos.do)

Pero una cosa es jurídicamente cierta y otra políticamente evidente:

una imagen que coloca a un país soberano bajo la bandera de otra nación merece, al menos, una reacción de quienes dicen defender la soberanía.

Mucho más cuando esa imagen llega en medio de una serie de gestos de Trump relacionados con mapas, nombres geográficos y una visión expansiva del territorio estadounidense.

Trump ya ha hablado de Canadá como posible estado 51, ha insistido en sus pretensiones sobre Groenlandia y recientemente publicó mapas que representan una expansión estadounidense sobre territorios que no pertenecen a Estados Unidos. La reacción internacional no ha sido precisamente silenciosa. Islandia, por ejemplo, convocó al embajador estadounidense para expresar su rechazo al mapa. (Reuters)

México tampoco guardó silencio.

La presidenta Claudia Sheinbaum respondió que México es un país libre, independiente y soberano y que no será colonia ni protectorado de ningún país extranjero. (El País)

Entonces surge otra pregunta:

¿Por qué en República Dominicana cuesta tanto escuchar una voz nacionalista con la misma contundencia?

¿La soberanía solamente sirve para hablar de Haití?

Ese es el punto que muchos dominicanos deberían discutir.

Porque si la defensa de la soberanía es auténtica, debe ser un principio, no una herramienta política que se activa solamente cuando el enemigo discursivo es Haití.

La soberanía no puede ser soberanía cuando conviene y subordinación cuando el poderoso es Estados Unidos.

La bandera dominicana no puede ser sagrada cuando se trata de un vecino pobre y convertirse en un simple adorno cuando aparece la bandera de una superpotencia.

La independencia no puede ser una consigna selectiva.

O se defiende siempre, o no se está defendiendo la soberanía: se está defendiendo una agenda política.

¿Y los defensores de la bandera con la Biblia en el medio?

Durante años hemos visto discursos inflamados alrededor de los símbolos patrios.

Hemos visto banderas.

Hemos visto referencias a Duarte, Sánchez y Mella.

Hemos visto discursos sobre la defensa de la nación.

Hemos visto incluso la utilización de símbolos religiosos como parte de determinadas escenografías políticas.

Perfecto.

Pero entonces llega una imagen donde la bandera estadounidense cubre visualmente a República Dominicana y aparece un silencio casi sepulcral.

¿Será que el nacionalismo tiene dueño?

¿Será que la patria tiene enemigos permitidos y enemigos intocables?

¿Será que algunos patriotas solamente son valientes cuando el adversario no tiene capacidad para retirarles una visa, cancelarles una invitación, cerrarles una puerta o ejercer algún tipo de presión?

Porque esa es precisamente la sospecha que este silencio inevitablemente despierta.

¿Será miedo?

No afirmamos que lo sea.

Pero preguntarlo es legítimo.

El problema no es Trump solamente

El problema más profundo no está siquiera en Trump.

Está en nosotros.

Una nación verdaderamente soberana no necesita odiar a ningún otro pueblo para defenderse.

No necesita convertir al haitiano en el enemigo permanente.

No necesita inventar amenazas.

No necesita esconderse detrás de la religión.

No necesita gritar más fuerte.

Necesita tener principios.

Y uno de esos principios debería ser extremadamente sencillo:

República Dominicana pertenece a los dominicanos.

Ni a Haití.

Ni a Estados Unidos.

Ni a China.

Ni a Rusia.

Ni a ninguna potencia extranjera.

Eso debería ser tan elemental que no necesitaría siquiera discusión.

El nacionalismo que solamente mira hacia un lado

Tal vez ha llegado el momento de hacer una distinción.

Hay personas que defienden genuinamente la soberanía dominicana.

Y hay otras que utilizan el nacionalismo como instrumento de movilización política.

La diferencia se descubre precisamente en momentos como este.

Cuando el nacionalismo se enfrenta a Haití, resulta fácil encontrar discursos encendidos.

Cuando el nacionalismo se enfrenta simbólicamente a Washington, la cosa cambia.

Entonces aparecen los silencios.

Las explicaciones.

Los “no es para tanto”.

Los “es solamente un mapa”.

Los “Trump es así”.

Y sí: puede ser solamente un mapa.

Pero entonces la pregunta permanece:

¿Por qué quienes convierten cualquier símbolo relacionado con Haití en una emergencia nacional no aplican el mismo criterio cuando República Dominicana aparece debajo de otra bandera?

La patria no puede tener miedo

La República Dominicana tiene una historia demasiado grande para que su soberanía dependa del permiso de una potencia extranjera.

Duarte no construyó su pensamiento sobre la idea de una independencia condicionada.

La Independencia Nacional no fue concebida para cambiar un amo por otro.

La soberanía dominicana no debería ser negociable en función del color político del gobierno de turno.

Y si alguien considera ofensiva la pregunta, quizás debería comenzar por responderla:

¿Dónde están los nacionalistas?

¿Dónde están los defensores de la bandera?

¿Dónde están los que dicen que la patria está primero?

¿Dónde están los que levantan la voz cuando sienten que la soberanía dominicana está amenazada?

Porque si la respuesta es que simplemente están esperando instrucciones, entonces quizás el problema sea mucho más profundo que un mapa publicado en una red social.

Quizás estamos descubriendo que para algunos el nacionalismo no es una defensa permanente de la soberanía.

Es solamente una herramienta para señalar al enemigo conveniente.

Y ese tipo de nacionalismo no es patriotismo.

Es NaZionalismo.

Con “Z”.

Porque cuando la patria se defiende dependiendo de quién esté al otro lado, ya no estamos hablando de principios.

Estamos hablando de conveniencia.

República Dominicana es una nación libre, independiente y soberana.

Y eso debería poder decirse frente a Haití, frente a Estados Unidos, frente a China, frente a Rusia y frente a cualquier potencia del planeta.

Sin miedo.

Sin permiso.

Sin doble rasero.

Porque la patria, cuando es verdadera, no selecciona de quién defenderse.