
Justo cuando las pruebas PISA siguen mostrando el déficit estructural de la educación dominicana, el presidente Luis Abinader lanzó el 10 de septiembre de 2026 el programa “RD Inteligente”. La iniciativa, impulsada a través del Instituto Tecnológico de Las Américas (ITLA), promete capacitar de manera gratuita a un millón de dominicanos en inteligencia artificial. El discurso oficial habla de convertir al país en un hub tecnológico de América Latina y el Caribe, democratizar el acceso y fortalecer competencias digitales para una economía del conocimiento más inclusiva.
Abinader fue explícito: “No queremos convertir a un millón de dominicanos en programadores. Queremos que un millón de dominicanos sean mejores en aquello que ya saben hacer”. El programa contempla rutas desde alfabetización básica (unas 10 horas, accesible desde celular) hasta aplicaciones profesionales y especializaciones. Está abierto a estudiantes, jóvenes en busca de empleo, emprendedores, servidores públicos, docentes, mipymes y ciudadanos en general, sin exigir experiencia previa.
El problema de fondo es que las bases sobre las que se pretende construir esa “inteligencia” siguen siendo precarias.
Lo que dicen las pruebas PISA
En PISA 2022, República Dominicana obtuvo 339 puntos en matemáticas, 351 en lectura y 360 en ciencias. Solo el 8 % de los estudiantes alcanzó el nivel 2 o superior en matemáticas (frente al 69 % del promedio OCDE). En lectura la cifra fue 25 % y en ciencias 23 %. El país se ubicó cerca del fondo del ranking mundial (alrededor del puesto 79 en matemáticas entre los participantes). Hubo mejoras respecto a 2018, pero el nivel sigue siendo extremadamente bajo: la mayoría de los jóvenes de 15 años no domina competencias básicas de análisis, resolución de problemas, comprensión lectora ni pensamiento matemático elemental.
Capacitar en inteligencia artificial a una población donde la gran mayoría no alcanza el nivel mínimo de competencia en lectura y matemáticas es, en el mejor de los casos, una apuesta arriesgada. En el peor, es repetir un patrón conocido: saltar a la tecnología de moda sin resolver primero las carencias cognitivas fundamentales.
El patrón se repite cada cuatro años
Leonel Fernández impulsó la modernización tecnológica: creación del ITLA y del Parque Cibernético, introducción de computadoras en liceos, programas de informática educativa y esfuerzos de alfabetización. La visión era preparar al país para la sociedad del conocimiento. Sin embargo, no se construyó un programa de alfabetización progresiva y de calidad sostenida que elevase de forma masiva las competencias básicas de lectura, escritura y matemáticas. El resultado: instituciones tecnológicas de punta conviviendo con un sistema educativo que seguía produciendo resultados mediocres.
Danilo Medina lanzó la “Revolución Digital” y el programa República Digital Educación. Se invirtieron cientos de millones (algunas estimaciones del componente educativo hablaban de alrededor de RD$20 mil millones) en entrega masiva de computadoras y tabletas, kits de robótica, pantallas digitales, conectividad y capacitación docente. Formó parte de la Revolución Educativa que elevó el gasto al 4 % del PIB. Años después, las pruebas internacionales siguieron ubicando al país en el sótano. La tecnología llegó a las aulas, pero el aprendizaje profundo no mejoró al ritmo esperado.
Ahora llega “RD Inteligente”. Misma lógica: un gran anuncio, una meta ambiciosa de un millón de personas, una institución tecnológica de referencia (ITLA) y el relato de que la República Dominicana no quiere ser solo consumidora de tecnología, sino protagonista. El timing es elocuente: el programa se presenta cuando los datos de PISA siguen desnudando las debilidades estructurales.
¿Es imposible capacitar a quien no tiene bases?
No del todo. La alfabetización básica en IA puede diseñarse de forma muy accesible (interfaces conversacionales, herramientas de uso cotidiano, productividad simple). Muchos usos prácticos de la inteligencia artificial no requieren programar ni dominar cálculo avanzado: redactar mejor, organizar información, automatizar tareas rutinarias o mejorar la productividad en oficios existentes. El propio gobierno insiste en ese enfoque.
Pero hay límites claros. Sin comprensión lectora sólida es difícil evaluar críticamente las respuestas de un modelo de lenguaje, detectar alucinaciones o sesgos, o usar la herramienta de forma efectiva y ética. Sin razonamiento matemático y lógico básico, las aplicaciones más útiles (análisis de datos, automatización, modelado) se vuelven inaccesibles o se convierten en mera magia negra. Y sin pensamiento crítico, el riesgo de dependencia pasiva de las máquinas aumenta.
Los países que realmente aprovechan la inteligencia artificial lo hacen sobre sistemas educativos que garantizan altos niveles de competencia básica. Saltar etapas produce, una y otra vez, inversiones costosas con impacto limitado en la productividad real y en la movilidad social.
Conclusión
“RD Inteligente” no es un error por apostar a la inteligencia artificial. Es un error si se presenta como la solución prioritaria mientras las pruebas internacionales demuestran que la mayoría de los jóvenes no domina las herramientas cognitivas elementales. Es el mismo patrón que se ha repetido: anuncios espectaculares de transformación digital cada ciclo político, mientras el sótano de PISA se mantiene.
La alfabetización en IA puede ser útil como complemento. Pero sin un programa serio, sostenido y medible de alfabetización progresiva en lectura, escritura, matemáticas y pensamiento crítico, el país seguirá capacitando sobre arena. Y cada cuatro años volverá a aparecer un nuevo “invento” que promete saltar etapas mientras los datos internacionales recuerdan que las bases siguen sin construirse.

















